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"Pasión por servir" por Ivonne Ortega

Fue una tubería del drenaje del centro de abasto donde tenía mi negocio que me motivó a participar en política

Ivonne Ortega

7 de Marzo 2013
Nuestra columnista Ivonne Ortega
Nuestra columnista Ivonne Ortega

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Nací en un pueblo llamado Dzemul, ubicado cerca de la costa yucateca, un 27 de noviembre. Desde pequeña me gustaban los animales, particularmente los perritos y los cerditos. Fui una niña muy inquieta, terca, traviesa y no pocos dolores de cabeza di a mis papás, pero siempre buscaba un momento para expresarles lo mucho que los quería.

Cuando tenía 12 años, mi abuelo enfermó y  tuve que hacerme cargo del negocio familiar, una tienda de abarrotes. Disfruté mucho de atender a la gente de mi pueblo en ese lugar, pues me permitió conocer sus alegrías, penas, gustos, satisfacciones y hasta el chisme del momento.

Ya un poco más grandecita, obtuve mi espacio de venta de carne en el mercado de Dzemul. De nuevo, el contacto directo con la gente: desde tempranito decenas de mujeres y hombres pasaban por mi negocio para comprar y aprovechar el momento para charlar y conversar de todo un poco.

Fue una tubería del drenaje del centro de abasto donde tenía mi negocio que me motivó a participar en política: pasaban varias administraciones municipales y ninguna autoridad hacía algo por solucionar el problema de esa cañería que se encontraba en mal estado. Fue preciso alzar la voz y representar a mis compañeros del mercado para que el presidente municipal nos hiciera caso.

De pronto buen número de personas comenzó a convencerme de que me postulara para alcaldesa de Dzemul. En ese entonces era gobernador mi tío Víctor Cervera Pacheco, a quien consulté mis deseos de ser presidenta municipal, pero él tajante me respondió con un “no”. Mi tío siempre fue reacio a que parientes suyos participaran en política mientras fue Gobernador.  

Sin embargo, fui candidata del PRI en mi pueblo. Recuerdo que había mucho machismo: la mayoría de los hombres no aceptaban la idea de que una mujer pudiera gobernarlos. Fueron los jóvenes y mujeres quienes me apoyaron para ser la primera alcaldesa de Dzemul, a los 24 años de edad.

De allí, a la par de mi negocio, una granja de cerdos, que logré forjar a base de mucho esfuerzo, me postulé posteriormente para diputada, luego legisladora federal y senadora por mi estado.

En 2006, en un proceso de selección interna en la que participamos 6 precandidatos,  obtuve  la mayoría de las preferencias de la militancia priista y, así, resulte candidata de unidad y el 13 de enero de 2007 rendí protesta como abanderada del PRI a la gubernatura de Yucatán.

El 20 de mayo de 2007, respaldada por una Nueva Mayoría Ciudadana, obtuve la victoria electoral con un margen cercano a los 10 puntos, a pesar de que al iniciar la campaña mi partido se posicionaba 23 puntos por debajo del partido que Gobernaba en Yucatán. Asumí el cargo el 1 de agosto de 2007.

El deseo de ser madre siempre ha estado presente en mi pensamiento, pero cuando era Gobernadora me dije: cuando concluya mi administración lo haré. Ahora con alegría espero a mi hijo.

Mi hijo debe nacer en abril. ¿Qué nombre le pondré? Está decidido: lo bautizaré como Álvaro Humberto Ortega Pacheco; el primer nombre, de mi abuelo y el segundo, de mi padre.

Y este feliz acontecimiento no impide que actualmente, haciendo mancuerna con César Camacho Quiroz, dirijamos los destinos de nuestro partido. Desde esta fuerza política tuve la oportunidad, en todas las encomiendas que he tenido, de servir a la gente. Pero no es sólo decir “me gusta servir” de dientes para afuera: hay que tener vocación plena de servicio, ser sincera y honesta.

Mi origen me permitió conocer a cabalidad y a fondo muchas de las carencias y necesidades de mi gente, de mi estado, de mi país. En cada puesto que he tenido, en cada cargo desempeñado, he sacrificado familia y tiempo para obtener una gran satisfacción: servir a mi gente, contribuir a resolver sus problemas, dar una esperanza.

Y es que recibir la sonrisa de un niño, el agradecimiento de una madre afligida que recibe una esperanza de solución a un problema urgente, la mirada del joven que recibe lo indispensable para continuar sus estudios…  no tiene precio. Motiva a seguir adelante.

Y les comento esto, especialmente a los jóvenes con deseos de servir a sus semejantes, que todo sacrificio positivo para lograr ese objetivo, vale la pena. Prepárense, perseveren. El servicio a los demás y contribuir a la solución de sus problemas, es realmente satisfactorio, vale la pena.

*¡Anímate y opina!

* Secretaria General del CEN del PRI. Ex Gobernadora de Yucatán.

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