array(1) {
  [0]=>
  object(WP_Term)#8890 (16) {
    ["term_id"]=>
    int(4)
    ["name"]=>
    string(8) "Opinión"
    ["slug"]=>
    string(7) "opinion"
    ["term_group"]=>
    int(0)
    ["term_taxonomy_id"]=>
    int(4)
    ["taxonomy"]=>
    string(8) "category"
    ["description"]=>
    string(0) ""
    ["parent"]=>
    int(0)
    ["count"]=>
    int(2723)
    ["filter"]=>
    string(3) "raw"
    ["cat_ID"]=>
    int(4)
    ["category_count"]=>
    int(2723)
    ["category_description"]=>
    string(0) ""
    ["cat_name"]=>
    string(8) "Opinión"
    ["category_nicename"]=>
    string(7) "opinion"
    ["category_parent"]=>
    int(0)
  }
}
 

“El café y los tacos… corren por mi cuenta”, por @warkentin

Llegas, te tomas un café y dejas otro pagado. Lo dejas pendiente, pues. Ya alguien vendrá a reclamarlo.

Formas de solidaridad para los tiempos que corren.

Dicen que todo comenzó en Nápoles, Italia, hace ya más de un siglo (que es referencia lo suficientemente vaga como para que todo quepa). Un obrero, o un alguien no necesariamente obrero (pero esto le confiere otro romanticismo a la historia), llegaba a una taberna, bebía un café y dejaba un caffè sospeso (suspendido) para quien llegase en otro momento y no tuviese dinero para pagar el propio. Café o comida, que esto fue transformándose. Así se engranan las cadenas de solidaridad, desde el anonimato. Tonino Guerra lo relató: “cinco cafés, por favor; dos son para nosotros, tres quedan pendientes”.

A México acaba de llegar el Café Pendiente. Y la solidaridad, parece, se multiplica. En pocos meses, son más de 250 establecimientos los que se han sumado en todo el país (aunque el mapa muestra aún la concentración de solidaridades en el DF). Y la idea es igual de simple: llegas, te tomas un café o lo que sea, y dejas pagados otros cafés o un almuerzo o unos tacos o lo que ofrezca el establecimiento que se sumó a la iniciativa. Eso que quedó pendiente lo podrá consumir aquella persona que no tenga para pagar por si misma.

Del café pendiente al taco pendiente. Que todo se tropicaliza, incluida la solidaridad.

Le pregunto a Fabiola Kun, diseñadora que vive en Cuernavaca y quien fue la que implementó la iniciativa en México, qué es lo que más le ha sorprendido en estos pocos meses de Café Pendiente, y responde sin dudar: “las ganas de ayudar que veo por doquier y el deseo por compartir”. Todo se basa en la confianza, me dice, y a pesar de lo que creemos, en México tenemos confianza. Eso sí, a los pares, a las iniciativas que vienen de abajo. No es el mismo nivel de confianza que a las autoridades. Esta solidaridad, continúa Fabiola, es más horizontal, “de tú a tú”. Y así es como se van sumando establecimientos a la iniciativa.

Quienes ofrecen un café o un taco pendiente, deben cumplir ciertos requisitos: registrarse (en http://cafependiente.org.mx/ está toda la información) para recibir manual e instructivo (y el distintivo que deberá estar visible en el local: una taza de café o un taco con un corazón, todo en color rosa mexicano). Visible debe estar también cuántos cafés o comidas pendientes hay en el local, para que quien lo necesite lo pueda solicitar. Y ya. Así se activa esa pequeña cadena de solidaridad.

Me gusta la iniciativa. Y me gusta que esté en México. Son aquellos detalles que a veces nos hacen conscientes de que hay un otro. Aunque sea sólo para regalarle un café.

*****************

SÍGUEME EN @warkentin 

(GABRIELA WARKENTIN)



Gabriela Warkentin

Escribo, hago radio, doy clases, odio el chocolate, le voy a los Pumas y todavía quiero seguir en México.


Todos los derechos reservados de Más Información con Más Beneficios S.A. de C.V. Queda prohibida la reproducción de estos contenidos sin autorización previa. Contacto: editorial@mpm.mx

POLÍTICAS DE PRIVACIDAD