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Piñatas tradicionales y no tan tradicionales de la CDMX hechas por la familia Mena. Hugo Mena nos nuestra su local en Circuito Interior. Foto, Lulú Urdapilleta

Ni oro ni plata, sólo piñatas

Esta familia diseña, desde hace 90 años, los pedidos más tradicionales y extraños que le ponen color a las fiestas en la ciudad.

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

Hace 90 años la familia Mena comenzó a moldear papel, cartón carrizo y barro en un oficio que es considerado una artesanía mexicana: las piñatas.

Sus diseños han adornado fiestas en la Ciudad de México, pero también en Alemania, Reino Unido, España, Escocia, Argentina, Brasil, Estados Unidos y hasta Australia.

Hugo Mena, quien está al frente del negocio, lleva 30 años haciendo piñatas y es la cuarta generación de una familia de artesanos que comenzó con su bisabuelo Julio Mena, originario de Tlaxcala.

Don Julio llegó a la Ciudad de México cuando era joven, para escapar de las carencias económicas y, ante las dificultades para encontrar trabajo en la capital, decidió rescatar tradiciones y montar su primer negocio de piñatas.

“El taller estuvo un tiempo en Santa Julia y después se lo llevaron a Azcapotzalco, donde todavía está. Como fue creciendo el negocio, se puso un local y desde entonces tenemos un lugar aquí”, cuenta Hugo.
El negocio de piñatas de los Mena se encuentra sobre el Circuito Interior, a unas calles de Paseo de la Reforma. Su local inició una tradición, pues con el tiempo llegaron una decena de locales de venta de piñatas, algunos de los cuales empezaron a moldear las figuras en el taller de los Mena.

“En esta calle mi papá tiene su negocio, y muchos otros aprendieron aquí y ahora ya tienen su local. Nosotros no lo vemos mal, la competencia es sana porque te ayuda a ser mejor en tu trabajo, la gente sabrá elegir la que le guste más”, dice Hugo.

Cada semana, los Mena elaboran entre 15 y 30 piñatas de línea, es decir, aquellas que son modelos básicos como princesas, superhéroes o las tradicionales de estrella. Sin embargo, cuando se trata de diseños y encargos en particular, pueden tardarse hasta un mes para elaborarlo.

Diciembre es un mes malo para el negocio de las piñatas, pues aunque en teoría la gente festeja más y las utiliza, hay más lugares que las venden, como mercados y hasta supermercados, por lo que sus ventas son incluso más bajas que en otras temporadas.

“En el año, las ventas se mantienen y suben un poco en abril, por el Día del Niño, pero en la temporada de vacaciones escolares sí decaen mucho. Se puede pensar que en fin de año hay más ganancias porque las familias compran piñatas para la Nochebuena, pero también hay muchos más lugares en donde las venden”, dice.

Ingenio propio

Hugo Mena, su esposa Alicia López y otras tres personas atienden la tienda de Circuito Interior y laboran en el taller en Azcapotzalco. Él es el encargado de los diseños, algunos de los cuales ha recreado a través de imágenes que busca en internet.

Algunos diseños son sencillos y otros requieren trabajo extra, como recrear una motocicleta de tamaño natural, hacer un Arca de Noé y hasta personas a partir de una foto; los diseños más curiosos son los que piden para despedidas de soltero.

Mientras Hugo moldea, la encargada de los detalles y acabados es su esposa. Ambos son contadores de profesión, pero tienen pasión por elaborar y decorar piñatas.

Alicia es la encargada de poner la expresión en la cara de los personajes animados.
Para ella, uno de los trabajos más complicados ha sido recrear a la cantante Cher, pues requirió un trabajo muy detallado para su cabello y vestuario. Para hacer ese trabajo tuvo que revisar imágenes de las presentaciones de la artista para obtener un diseño propio del personaje.

Se trata de un trabajo difícil que aprendieron de forma autodidacta, sin cursos formales de diseño.

“Cuando era niño veía a mi papá y yo le ayudaba a recortar figuras de papel para formar los ojos y la boca de las piñatas. Ya en la adolescencia entré a hacer cosas más a detalle y a los 16 me empecé a dedicar al negocio”, dice Hugo.

Él recuerda que la primera piñata que hizo tenía la imagen de un burro, y en ese tiempo las piñatas más solicitadas eran las que tenían forma de estrellas, rosas, animales y barcos. La moda de ahora no está en las figuras tradicionales, sino en las caricaturas y en personajes como Donald Trump.

Poco valoradas

Entre sus clientes hay quienes valoran distinto su trabajo, desde extranjeros que ven con curiosidad su trabajo artesanal y le hacen pedidos para llevar a sus países, hasta clientes que llegan a ser groseros con su personal.

“Hay quienes nos regatean, nos cuestionan y hasta con prepotencia aseguran que las piñatas solo son papel y cartón, pero desconocen que quizá en esa figura que se llevan nos pudimos tardar dos semanas o un mes”, dice Hugo.

Sin embargo, hay clientes satisfechos que lo buscan por su trabajo, como el guitarrista de la banda Guns and Roses, Slash, que en 2014 envió a su representante a conseguirle una piñata del personaje Phineas, de la serie de caricaturas Phineas y Ferb, su favorita.

“Este es un trabajo que te deja muchas satisfacciones, como ver a niños y adultos emocionados por las figuras. Es una labor muy pesada, pero hacerlo es una pasión, es preservar no solamente un apellido, sino también una tradición”, dice Hugo.

En cifras:

  • 90 años tiene la familia Mena haciendo piñatas en la Ciudad de México.
  • 180 pesos es el costo promedio de una de las piñatas elaborada por los Mena.
  • 30 piñatas de línea elaboran al mes en su taller ubicado en Azcapotzalco.


Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.


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