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El Gran Suertudo: la hamburguesa inconquistable

Buscar una buena hamburguesa en la ciudad es más difícil de lo que parece ¿Qué hacer cuándo se está tan lejos de una buena burger pero tan cerca de McDonald’s? La respuesta se encuentra a unas cuantas cuadras del Kiosko Morisko, en Santa María la Ribera.

 

Sobre la calle de Cedro, existe un golpe de suerte para el chilango hambriento: Lucky Paul’s. Este restaurante inició como el sueño de Hipólito “Paul” Segura, quien, junto con su familia, le apostó todo a un único número: el 183. Si bien en un principio era el anexo al local contiguo, en tan sólo un año lograron independizarse; creciendo no sólo en tamaño, sino también en cuanto a variedad.

Lucky-Paul's

El menú que inició con tres hamburguesas y unas cuantas órdenes de alitas, ahora tiene más de 20 opciones en su menú. Las hay de todos tamaños y sabores, es la traducción de “El aventurero” en una hamburguesería. Como prueba está el contraste entre su hamburguesa vegetariana y aquella que incluye dos arracheras, llamada “Dirty Susy” (Sí, es tan deliciosa como suena).  

Esto no es nada al compararlo con el secreto mejor guardado del lugar: el único platillo que no encontrarás en la carta. Bautizado hace tres años como “El gran suertudo” y creado a partir de la sugerencia de unos clientes gringos. “la cubana de las hamburguesas”, como la describe Oscar Villada, el sobrino de Paul; una mezcla de tiras y medallones de pollo, jamón, tocino, arrachera, piña, jitomate, lechuga, y un sinfín de ingredientes más en una cama de papas fritas.

Hamburguesa-gigante

La propuesta es sencilla, en teoría: quien logre acabarse al gigante comestible en 20 minutos —o 25, si te tienen compasión— será el ganador de una playera, un kilo de papas para no quedarse con hambre, un certificado y el honor de ver su imagen en la pared. ¿Tentador, no crees? Más aún si consideras que está por cumplir su cuarto año sin haber sido conquistada aún. Para ser merecedor de  la gloria que te pueda ser otorgada —aquello descrito por Oscar como el verdadero premio—, se necesita mucho más que un trébol de cuatro hojas y algo de hambre, para prueba hay una lista de 30 personas que lo han intentado, sin éxito alguno.

Villada fue uno de ellos, seducido por la oportunidad de vencer al tiempo y a su propio sistema: “Mi récord es de una hora, aunque en una ocasión logré acabarme 2 kilos y 100 gramos en los 25 minutos”. Es el clásico juego que busca derrotar a la comida al clásico estilo estadounidense de Adam Richman.

 

Cuando alguien llega con la confianza para ordenar una, las mesas contiguas comienzan el murmullo, los siempre presentes acompañantes de los concursantes comienzan a grabar, a reír, a burlar la locura del comensal; pero cinco minutos antes de que se acabe el tiempo, conocidos y desconocidos vitorean por igual. Así que, si gustas intentarlo, acude a la calle de Cedro #183 y lleva $250, en caso de que no cuentes con la suerte necesaria. Si el antojo te llama más que el triunfo, puedes pedirla sólo para deguste individual o compartido, aunque no serás acreedor a la fiel admiración de los comensales a tu lado, tendrás el eterno agradecimiento de tus papilas gustativas.

 

El-gran-suertudo

(Foto: Daniela Sagastegui)



Daniela Sagastegui Avilés

Periodista en formación y narradora de historias cotidianas por vocación. Twitter: @dsaavi


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