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Los habitantes de… la Catedral Metropolitana

Desde que fue fundada en 1813, la Catedral Metropolitana ha albergado a innumerables habitantes que no sólo han formado parte de su historia, sino que con mucho trabajo han logrado mantenerla tal como se ve actualmente para que todos podamos disfrutar cada rincón de ella. 

La Catedral Metropolitana, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es uno de los sitios más importantes no sólo de la capital sino del país; por lo que es fácilmente identificada tanto por capitalinos como turistas que la ponen en su lista de lugares que deben conocer cuando visitan la capital.

Aunque todos los que vivimos en “chilangolandia” ya la conocemos y la hemos visitado innumerables veces, en esta ocasión hablaremos de la Catedral desde la perspectiva de quienes día a día asisten a trabajar en este importante recinto.

“Aquí he dejado parte de mi vida”

Desde las alturas nos saluda el diácono Rafael Parra, campanero mayor quien ha pasado 21 de sus 66 años de vida tocando las campanas de la Catedral, las cuales llegan a pesar varias toneladas.

Cada día sube unas inmensas (o así nos lo parecieron) escaleras de roca hasta llegar al campanario, tal como lo ha hecho desde aquella ocasión donde lo eligieron para hacerse cargo del lugar. “Ese día nunca lo olvidaré porque hasta las lágrimas se me salieron, y me enamoré de este lugar, me enamoré de las campanas”, explicó.

Tal fue el amor que le tomó a su trabajo que una vez que se instaló se dio a la tarea de poner todo en orden y junto con algunos sacerdotes logró que se pudieran organizar visitas guiadas al campanario, para que toda la gente pudiera no sólo conocer el sitio sino la historia de todo el lugar.

A lo largo de estas dos décadas han sido muchas las experiencias que ha vivido en estas paredes, pues además del panorama que le regala la CDMX todos los días, ha tenido la oportunidad de conocer a campaneros de otros países como España, Turquía y Ucrania; incluso lo han invitado a Jerusalén.

Tocar estas campanas es todo un arte y el diácono ya está bastante acostumbrado a él, tanto que ni siquiera usa orejeras para proteger sus oídos de los fuertes sonidos de las campanas. “Nunca he usado orejeras, pero me he estado checando año con año; hasta ahorita escucho de manera normal”, afirma alegremente.

Como campanero mayor se ha encargado de enseñarle a los nuevos campaneros todas las “mañas” que se necesitan para hacer resonar las enormes estructuras de metal sin tanto esfuerzo, al igual que al personal del Estado Mayor quienes cada el 15 de septiembre son los encargados de tocarlas durante las celebraciones del inicio de la Independencia de México.

“Luego ellos llegaban y entre tres quieren una. Yo me dedico a enseñarles y estar aquí con ellos porque no puedo dejarlos solos tampoco. Tienen que hacer las cosas bien”, explica entre risas el diacono.

Tras casi 22 años de trabajar aquí, muchas han sido las personas que le preguntan si piensa retirarse, a lo que él con cierta nostalgia siempre contesta: “Aquí he dejado parte de mi vida. Ya llegará el momento de irme, pero mientras eso pasa aquí estaré”. Antes de que se vaya, definitivamente quiere ver restauradas las campanas y el campanario, pues el tiempo (y algunos visitantes maleducados) ha hecho de las suyas y varias partes necesitan de una “manita de gato” urgente.

“Siento que enseño parte de México”

Tal como en cualquier edificio histórico, los guías turísticos son una parte fundamental de la Catedral Metropolitana y eso lo sabe a la perfección Guillermo Luna, quien lleva 16 años guiando a las personas por todo el recinto.

Para él, la Catedral es un espacio de cultura, historia y fe del que ha aprendido bastante a lo largo de todos estos años, pues considera que en cada visita él también aprende de los visitantes. Los recorridos duran aproximadamente tres horas y media, lo que representa un gran reto, ya que mantener la atención de la gente durante tanto tiempo y llevarla a cada rincón del sitio no es cosa fácil.

Gracias a su trabajo ha tenido la oportunidad de conocer a grandes personalidades como el nuncio apostólico. “Me pongo a pensar ¿Qué le voy a decir si es el nuncio apostólico? pero siempre hay algo que mostrar. A mí me pasa que empiezo nervioso y ya luego me suelto. Para mí es una emoción dar una visita”.

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Más que otra cosa, Guillermo se siente muy orgulloso de su trabajo y reconoce la importancia que tiene. “Siento que enseño parte de México y es algo muy padre y que se debe difundir porque es algo nuestro”.

“Yo pienso que es una misión”

17 años han pasado desde que Juan de Jesús Santoyo llegó a la Catedral Metropolitana, de los cuales 15 de ellos se dedicó también a tocar campanas y a mantener reluciente el lugar.

Realmente le gusta todo lo que hizo y hace actualmente en el recinto, pues ha estado en varias áreas, desde el campanario hasta ayudando en las obras “Voces de la Catedral” donde pudo conocer a innumerables artistas. “Es un orgullo trabajar en el templo más importante de América Latina”.

Aunque comenzó realizando varias actividades cuando llegó, estas se han reducido y actualmente se dedica a la limpieza, lo cual también lleva su chiste. “Debe uno fijarse bien, porque puede uno dañar una imagen; son muy delicadas y muy antiguas”.

 

Tras casi 20 años en el lugar, cree que estar ahí es una misión, pues tal vez indirectamente es una manera de servir al creador. No es por presumir pero su trabajo le ha dado la oportunidad de conocer a grandes personalidades de todo el mundo.  “Tuve el privilegio de saludar al Dalai Lama cuando vino a la Catedral, y así a muchas personalidades”.

Al igual que el diácono Rafael, “Juanito”, como le dicen en la Catedral, no piensa todavía en el retiro, pues está seguro que permanecerá en el lugar “hasta que Dios diga”.

(Fotos: Karla Almaraz)



Karla Almaraz

Egresada de FES Aragón (UNAM) me encuentro en constante cambio y aprendizaje. Curiosa de todo lo que acontece a mi alrededor y fiel a la idea que todos tenemos una historia que contar.


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