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Ocho formas tontas de vender en la CDMX

En la Ciudad de México, es fácil encontrar alguna de estas vanguardistas formas de marketing destinadas seguramente al fracaso. Que levante la mano el chilango que jamás se haya topado con estas excéntricas maneras de obtener el pan de cada día

Muñeco de aire
“¡Mira! ¡Un muñeco inflable que baila! ¡Vamos a esa tienda a gastar todo nuestro dinero!”, dijo nadie nunca. ¿Quién inventó a los sky dancers (sí, así se llaman)? ¿Y por qué diablos son tan populares?

Bocinotas
Un día te despierta un reggaetón a todo volumen. No son tus vecinos fiesteros ni un desfile frente a su casa: es el negocio de la planta baja, que decidió que el ruido era la mejor forma de atraer clientes.

Merolico moderno
A veces la bocina gigante viene acompañada de una persona que dice tonterías al micrófono, invita a los paseantes a acercarse y hace chistes pésimos, como de Paco Stanley en los 90.

Edecanes
Algunos comercios y marcas creen que poner a unas chavas en minifalda es la mejor forma de vender productos, desde catsup hasta coches. Corte a: llegan unos machos a morbosear y ni compran nada.

Vender lo mismo
Típico que a un puesto del tianguis le empieza a ir bien y el de junto, en lugar de innovar o buscar algo que complemente la oferta del vecino, le copia. ¿Dónde quedó el famoso ingenio del mexicano? Ash.

Expandirse
Esto pasa con los puestos callejeros: crecen y crecen y crecen, hasta que ya no hay espacio en la banqueta para los clientes. Por más que quieras comprar, las leyes de la física te lo impiden.


Perseguir al cliente
Entras a una tienda a tontear, a ver qué encuentras. Pero entonces un vendedor se te pega, comenta todo lo que ves o tocas, te sigue como si fuera tu expareja psicópata. Obviamente sales corriendo.

Lonas pixeleadas
Se está perdiendo la bonita costumbre de pintar letreros a mano. Para “modernizarse”, los comercios hacen un diseño digital horrendo, con fotos bajadas de internet, y lo imprimen todo pixeleado.

Fotos: Cuartoscuro/ Shutterstock



Tamara de Anda

Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.


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