28 de agosto 2016
Por: Diana Delgado

En la piel de un afromexicano

En la CDMX viven 160 mil afrodescendientes, quienes con frecuencia sufren insultos, exclusión, acoso y agresiones.

ARTE: CÉSAR ESPINOSA

La historia de su origen no aparece en los libros de texto, son ignorados por las instituciones y son vistos como extranjeros a pesar de estar en su propio país. Se trata de los mexicanos que descienden de poblaciones africanas, quienes —según lo advierten autoridades, expertos e integrantes de esta comunidad— son discriminados debido a su color de piel, costumbres y cultura.

En la capital, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), viven alrededor de 160 mil afromexicanos que dan cuenta de la situación.

Seynabou Diedhiou es una de ellas. Su madre es mixteca y su padre senegalés. Ella es capitalina, tiene 34 años, imparte clases de francés y relata que con frecuencia recibe insultos. Como ejemplo, menciona la vez que un profesor le dijo: “Una mujer negra no merece ser educada”.

Además, a lo largo de su vida se ha enfrentado a funcionarios que se niegan a expedirle identificaciones oficiales, así como a detenciones arbitrarias por parte de autoridades que dudan de su nacionalidad.

Gloria Salek también ha pasado por numerosos momentos incómodos e incluso por agresiones. Esta mujer de 28 años, con raíces camerunesas, cuenta que algunas de las más frecuentes son las insinuaciones sexuales que le gritan en la vía pública casi todos los días.

“La gente cree que, por ser negros, tenemos una sexualidad exagerada. Hombres y mujeres somos agredidos en las calles y hay quienes creen que, al ofrecernos sexo, nos hacen un favor”, dice.

Historia ignorada

Los afromexicanos descienden de los esclavos que los españoles y otros europeos trajeron a la Nueva España durante la época de la Colonia. Se estima que en ese entonces llegaron alrededor de 300 mil personas, un grupo que únicamente era superado en número por los indígenas.

María Elisa Velázquez, investigadora de la Coordinación Nacional de Antropología, comenta al respecto que una de las principales razones por las que se mantiene viva la discriminación hacia esta comunidad es que sólo se le vincula con la esclavitud, pero no se reconocen los aportes que hizo al desarrollo de diversas actividades económicas y al cuidado del hogar.

“No hay libros ni museos [de los afrodescendientes]. Por eso, ellos no entienden por qué tienen ese color de piel. Nunca nadie les ha hablado de los africanos y, cuando se hace, se habla de pobreza, guerra, violencia, y entonces nadie quiere ser descendiente de un africano, mucho menos de un esclavo”, dice la experta.

La encuesta que el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Copred) elaboró en 2013 señala que el color de piel es el principal motivo de exclusión en la Ciudad de México.

“[Esta característica física] se asocia a falta de capacidades, a una posición social baja, a ser extranjero e incluso a lo que es malo”, explica la investigadora Cristina Masferrer, integrante de la agrupación Afrodescendencias en México.

El círculo de la exclusión

Especialistas en el tema advierten que la discriminación hacia esta comunidad también llega a tener consecuencias fatales. Un ejemplo es el caso de Isaac Chidenu, un capitalino de origen nigeriano quien murió en mayo de 2011.

Videos dados a conocer entonces muestran que Chidenu viajaba en su auto acompañado de su esposa e hijos, cuando fue detenido por dos policías locales sobre Calzada de Tlalpan. Tras bajar del vehículo, los agentes lo golpearon y lo dejaron casi inconsciente. Después, un coche lo atropelló y los uniformados no lo auxiliaron.

Seynabou Diedhiou vivió una situación similar con miembros de las fuerzas de seguridad. Durante un viaje, militares detuvieron el autobús en el que iban ella, su madre y sus hermanas.

“Sin explicación, decidieron que una mujer mixteca no podía ser la madre de tres jóvenes negras. Estuvieron a punto de separarnos, pero la gente del autobús nos apoyó”, recuerda la mujer.

Además, conoce casos de mexicanos afrodescendientes que fueron deportados a Honduras o Guatemala, porque las autoridades dudaron de su nacionalidad, o a quienes les han exigido cantar el himno nacional o responder preguntas de historia para comprobar que son del país.

“Por ser alguien que luce diferente, tienes que acreditar tu nacionalidad, pero la realidad es que buscan sacar dinero, ver cómo reaccionamos, si somos o no legales y tener un provecho económico”, dice.

En otros contextos, como el escolar o el laboral, los afromexicanos son considerados personas menos capaces para tomar decisiones, por lo que se les relega a tareas deportivas o de fuerza.

Las autoridades recomiendan denunciar todos estos agravios, pero capitalinos como Gloria Salek advierten que esto no sólo no da resultados, sino que puede ser peor.

“El problema es que, al denunciar, nuevamente nos encontramos con el tope de las instituciones que dudan, que cuestionan. Es un círculo que lo único que garantiza es la exclusión”, dice.

En cifras

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