Fany es la niña boxeadora más destacada de Neza
24 de abril 2017
Por: Tatiana Maillard

Con el punch en la sangre

Fany se abre camino en la dura carrera del box a base golpes certeros y una que otra caída que le han permitido destacar en su categoría

A sus 11 años, Fany ha acumulado 52 victorias en el ring y es considerada la boxeadora más valiosa de su generación

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

Tenía siete años cuando Fany Martínez comenzó a entrenar box, pero desde mucho antes sabía que quería ser boxeadora. La certeza llegó como un golpe en la quijada, la noche que Ana María “La Guerrera” Torres retuvo su título mundial como peso súper mosca tras derrotar a la japonesa Naoko Yamaguchi en el estadio Neza 86, y Fany estuvo ahí para presenciarlo.

La pequeña recuerda también otras escenas de esa noche. Por ejemplo, que Emmanuel, su padre, le compró un algodón de azúcar que traía una corona de plástico como obsequio. Su dedo índice se extiende hacia un estante de la tienda deportiva que maneja Emmanuel: “Ahí está la coronita pintada de plateado”. También se acuerda de las ovaciones a “La Guerrera”, la sangre en el rostro de Naoko y la convicción de que ella, Fany, quería que fueran sus puños los que se movieran dentro del ring un día.

Ahora tiene 11 años y sus puños le han valido 52 victorias, tres empates, cuatro derrotas y dos knock outs. Es menuda y pequeña. Compite en la categoría de 34-36 kilos y sonríe cuando dice que nunca la han knockeado. No recuerda el nombre de sus rivales. “Antes tenía un cuaderno donde los apuntaba, porque luego me preguntan esas cosas… pero lo perdí”.

A veces, también, ha perdido peleas, aunque ella le resta importancia. Dice: “Hay golpes en la vida que sirven para aprender”. Esa es una frase que le gusta y por eso la menciona. Fany se aprende frases motivacionales. Le gustan. Y, como alguna vez lo hizo con el nombre de sus rivales, suele apuntarlas en una libreta. O recitarlas: “Hay una que gusta un montón, de Muhammad Alí, que dice: ‘Vuela como mariposa, pica como abeja’. ¿Sabes quién era Alí? Era un buen boxeador. Bueno, yo no lo llegué a conocer en persona, pero era espectacular en cada movimiento”.

Al sonar de la chicharra, las dos contrincantes se buscan en el ring del gimnasio Condesa, en Ciudad Nezahualcóyolt. Una es Fany. La otra, Esmeralda, una niña de 13 años ligeramente más alta. Antonio Navarro, el entrenador, da instrucciones a cada una de las peleadoras: que suban los brazos, que conecten los golpes, que no se retraigan y que busquen el ángulo.
“Fany tiene un estilo de boxeo muy comercial”, dice el entrenador. “Se mueve bien, es muy vistosa, da espectáculo. Pero le falta fuerza en los golpes. Es lo que estamos trabajando con ella”.

De eso está consciente Fany. “Mis defectos son que bajo la guardia y fallo algunos golpes”, dice con seriedad. También conoce sus virtudes: “Domino los pasos laterales y
knockeo muy bien”.

El entrenador Navarro destaca las cualidades de las niñas y adolescentes que entrenan en este gimnasio. Algunas son ágiles, como Fany. Otras, tienen golpes certeros. “Las niñas son más dedicadas que sus compañeros. Son muy buenas”.

Sin embargo, Fany es el rostro más visible de la generación más joven de boxeadoras. Desde que ganó su primer torneo amateur en 2013, a los ocho años, la han entrevistado en periódicos, en estaciones de radio y ha aparecido en notas televisivas. Incluso, ha tenido una pequeña participación como actriz en un programa de televisión.

“Sí, me gusta salir en la tele o en la radio. Como que me anima a echarle más ganas”, dice Fany. “Pienso que, después del esfuerzo y los sacrificios, esa es la recompensa”.
A Emmanuel no le preocupa la atención mediática que existe sobre su hija. “Cuando tienes los pies en la tierra, no afecta. Fany toma esto como algo normal. Ella sabe que lo primero es la escuela. Ya sabe que si baja su promedio deja de venir a entrenar”.

En el antebrazo derecho de Emmanuel, se extiende el nombre de Stephanie tatuado. “Bueno, me lo tatué porque siempre le he dicho a Fany que ella es mi brazo derecho. Y ahí lo ves”. Cuando era niño, Emmanuel también quiso ser boxeador, pero su padre, quien fue púgil profesional, lo entrenaba en casa. “Yo le decía a mi papá que quería asistir a un gimnasio, pero él se negaba. A los 15 años por fin me dijo que sí, pero para entonces ya había perdido el interés. Por eso cuando Fany me dijo que quería entrenar, le hice caso”.

Fany entrena porque un día espera ser campeona mundial. “‘La clave del éxito es la disciplina’. Esa frase la leí en la lona de un gimnasio. Cuando mi papá me dice ‘que tengo que hacer esto, que tengo que hacer lo otro’, y pienso: ‘todo yo, todo yo’, me acuerdo de esa frase. Me gustan las frases que inspiran”.

Las derrotas no la desaniman. No después de cuatro. “Aunque te duela perder, te tienes que acostumbrar”, dice, antes de repetir otra frase: “Se aprende más de una derrota que de todas las victorias”.

¿Duele más un golpe o una derrota? Duele más un golpe. Ese sí te puede dejar mal el cuello o la muñeca. En cambio la derrota, ¡mnéee! Con el tiempo pasa. No te va a doler para siempre.
A los 18 años, Fany podrá competir de manera profesional en el box. Para entonces, habrán pasado 25 años desde el primer encuentro profesional de box femenil en la CDMX y ella, Stephanie, será parte de las mujeres que se han abierto camino en esta disciplina deportiva. “Mi obligación es ir a la escuela y aprender. El deporte, en cambio, es mi recompensa”.

En cifras: 

 

 

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