Hernán del riego

Foto: Lulú Urdapilleta.

21 de noviembre 2017
Por: Carlos Acuña

Resistir a punta de canciones

Hernán del Riego creó La Bola para buscar recuperar la identidad y volver a las raíces con ayuda de la música.

Hernán del Riego presenta este jueves, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, una colección de canciones para recordar la Revolución y ayudarnos a entender la actualidad.

Por Carlos Acuña

Ser útil. Un cirujano puede salvar una vida, un ingeniero puede construir puentes monumentales. ¿Puede un artista ser útil? Músico, cantante, cabaretero, durante años director de la Compañía Nacional de Ópera y uno de los actores más destacados del país —el “histrión absoluto” lo han llamado periodistas y críticos de teatro—, Hernán del Riego no podía quitarse esa pregunta de la cabeza: ¿de qué sirve el teatro y la música en un contexto de sangre?

Todo comenzó con “El Barzón”, una canción popular que data de los años de la Revolución. Del Riego, junto al director de teatro Hugo Arrevillaga, decidieron incluirla en el espectáculo Todavía, que no tardaría en ganar el premio a Mejor producción binacional en el San Diego International Fringe Festival, en California. No era para menos: en su interpretación, Del Riego no solo rescataba “El Barzón” y otras canciones populares mexicanas, sino que les otorgaba vigencia: ante el crimen organizado, la explotación campesina o el saqueo minero, canciones como “La Martiniana” o “Luna negra” revelaron una dolorosa actualidad.

Pero no era suficiente. Un teatro lleno implica, a lo mucho, 200 personas. Por eso fue natural que el siguiente proyecto de Del Riego, La Bola: cancionero para resistir, naciera en YouTube. Hoy, el canal ha alcanzado casi un millón de reproducciones a través de un repertorio de 30 canciones que van desde el son huasteco, el canto cardenche, versiones de Fito Páez, el Piporro o Chava Flores.

“En algún momento, los jornaleros de San Quintín se pusieron en contacto conmigo. Alguien les mostró el video de ‘El Barzón’, donde yo hablo de ellos. Escuchar sus historias, saber directamente y no por las noticias, que todo lo que se cuenta en la canción fue uno de los momentos más poderosos que he vivido como artista. Yo estaba buscando eso desde hacía muchos años. Necesitaba sentirme útil”.

El exilio

Hernán del Riego insiste en que cantar estas canciones no obedece ni a la nostalgia ni al nacionalismo. Se trata, afirma, de una manera de buscar la identidad cada vez más desdibujada de sí mismo, un chilango que hace muchos años decidió exiliarse, primero en Tijuana, después en San Diego, California.

Hijo de un soldado mexicano-americano quien, tras la Segunda Guerra Mundial, decidió regresar a México, convertirse al comunismo y decirles a sus hijos “Estados Unidos no existe”, Hernán del Riego suele ubicarse en medio de dos mundos. En algún momento, cuando decidió cruzar la frontera del teatro para enfocarse en las canciones, decidió mudarse a Tijuana.

“Una vez allá, mi esposa me dijo: ‘Tú eres gringuito, acuérdate’. Y supe lo que iba a pasar. Mis hijos podrían obtener también la ciudadanía americana. Y así fue: decidimos darles esa oportunidad. Y todo se fue encadenando. Nos mudamos. Ellos estudian allá, viven allá. Y me duele, cómo no. Muchísimo”.

Su alejamiento de la patria, además, le ha permitido conocer de cerca a decenas de mexicanos que, como él, han decidido exiliarse. “Somos casi 40 millones de mexicanos viviendo en EUA: ¡una tercera parte del país! Y te lo aseguro: el 80% quiere regresar. Y los de acá tampoco quieren quedarse: cada vez hay menos oportunidades. Es una tragedia. Y tenemos que hablar de eso sin patrioterismo, sin nacionalismo. Tenemos que decirnos quiénes somos. Por eso importa cantar: cantar nos recuerda quiénes somos, qué es lo que tenemos que defender”.

Una canción de Tom Waits

Cuando Del Riego escuchó el disco Blood Money, de Tom Waits, se detuvo en una canción: “God’s away on business”. Sacar a los muertos con la pala y un pico es una joda, es una chinga. ¿A quiénes pusimos al frente de esto? Asesinos, ladrones y abogados. La letra parecía un retrato fiel de la realidad mexicana. No pudo evitar hacer la traducción completa y comenzar a trabajar en los arreglos para cantar una versión en español. Pero había un problema: si quería incluirla en sus conciertos, necesitaba los derechos y pocos artistas defienden tanto sus canciones como Tom Waits.

“La editora de Waits me dijo que era imposible, solo podría cantarla en inglés. Pasaron dos meses en esta discusión hasta que les mandé el video. Una hora después me contestó Tom Waits: ‘Está increíble, soy tu fan. Dame 100 dólares por los derechos y es tuya. Haz lo que quieras: disco, video. Gran cosa. Te salió mejor que a mí’. Yo no daba crédito. Que te escriba Tom Waits es como si te escribiera Dios…”.

Una canción es mucho más que la suma de sus palabras y sonidos. Como la patria no es solo el pedazo de tierra que habitamos. El problema es que los mexicanos parecemos habitar dentro de un corrido sangriento. Tom Waits alguna vez dijo que a él le gustaría vivir dentro de una canción. Esa era, entre otras razones, lo que lo motivaba a componer: concebir la música como un país donde poder exiliarse. Hernán parece cantar por las mismas razones: cantar para inventar el país que queremos y no encontramos.

Este viernes 24 de noviembre, en una función especial en el Teatro de la Ciudad, a las 20:30 h, se presentará Hernán del Riego con La Bola: cancionero para resistir.

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