Sandra Echeverría cambia de rol
29 de junio 2017
Por: Tatiana Maillard

Una actriz inesperada

Sandra Echeverría ha aprendido dos lecciones: probarse a sí misma en distintos escenarios y perder el miedo para encontrar su vocación

Sandra Echeverría cambió la música por la actuación y ahora sueña con ser protagonista de una sitcom que la aleje del drama

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

En un inicio, la actuación no era una vocación, sino un requisito. Lo que Sandra Echeverría deseaba era cantar. Creció en la Ciudad de México, en tiempos en los que, considera, “no había tanta inseguridad”. Las cosas han cambiado desde entonces. A la CDMX le reconoce ser un espacio “trendy”, de centros de espectáculos y vida nocturna, de colonias que son “joyas”, como la Roma o Polanco. Ahora, en cambio, le preocupa el alza en los actos delictivos.

Pero hubo un tiempo más amable para habitar la ciudad: el de su infancia. A los nueve años interpretaba canciones rancheras y a los 16 compuso su primera canción. Cuando era adolescente, después de ganar un concurso de talento, TV Azteca la reclutó para formar parte de un grupo juvenil llamado Perfiles. El siguiente paso era hacer un disco solista, pero los agentes le propusieron hacer una telenovela. “Te va a dar más proyección”, dijeron. “Pero soy cantante, ¿qué voy a andar actuando?”, pensaba.

15 años después, Sandra Echeverría ha participado lo mismo en telenovelas que en series de televisión y películas. Ha actuado bajo la dirección de Oliver Stone en Savages. Debutó en el teatro Rafael Solana con la obra Nunca es tarde para aprender francés, dirigida por Antonio Caro, y este año participó en la serie La querida del Centauro. Pero a inicios del 2000, cuando le propusieron actuar en la telenovela Súbete a mi moto, Sandra dudó.

“Me aventaron al ruedo sin que yo supiera mucho y contrataron unos coaches con los que aprendí poquito, la verdad. No me gustaba el ambiente. Me parecía superficial. Veía que los actores no se preparaban. Gritaban mucho, querían llamar la atención. Yo al contrario. Quería ser el anti-eso”.

Al finalizar la telenovela, se convenció de ser actriz. A los 21 años dejó la ciudad y sus espacios preferidos, como Coyoacán o Xochimilco, para residir en Los Ángeles y estudiar en la escuela de arte dramático TVI Actor Studio. “Si iba a aprender a actuar, lo haría bien”, exclama, porque si algo le molestaba, eran dinámicas de aprendizaje a las que no les encontraba sentido, como, por ejemplo, que su coach le dijera: “‘¡Eres un tigre! ¡Camina como tigre! ¡Ahora grita!’ No creía que eso me fuera a enseñar algo”.

En la escuela, y con profesores privados, aprendió otras técnicas, y a la par, comenzó a realizar castings en televisoras.

Si fingir que era un tigre no le enseñó mucho de actuación, la dinámica de ser una joven más en Los Ángeles que buscaba su oportunidad ofreció mayores aprendizajes.

El primero: hay cientos que buscan el mismo golpe de suerte, incluso actores que han participado en series exitosas.

“Una vez me encontré a Steven Culp —actor de Desperate Housewives— en un casting. Yo me sorprendí, no pensé que él tuviera que hacer pruebas. Me dijo: cuando los productores no están convencidos, tienes que demostrarles que eres la persona indicada para el personaje”.

La segunda enseñanza fue que, aunque seas una actriz latina, y aunque tu personaje también, no poseer un acento pulcramente norteamericano puede costarte el papel.

“Al principio yo no quería (eliminar el acento)”, dice Sandra. La primera vez que firmó un contrato con una televisora fue en 2004, con ABC Broadcast. “Me dijeron que debía trabajar mi forma de hablar, porque querían que yo fuera como Eva Longoria. Pero Eva Longoria es estadounidense, aunque tenga raíces latinas. Fue por eso que trabajé para reducir mi acento, porque si no lo haces, te limita las oportunidades de trabajo. Muchas veces he perdido personajes por ese aspecto”.

Así como hay pérdidas, hay ganancias. Trabajar con el director Oliver Stone para la cinta Savages fue una de ellas. “Me gusta aprender cuando me llevan a lugares donde no pensaba llegar con mi personaje. Cuando yo me imagino la escena de una forma, y la manera de dirigir me sorprende con otra. Eso es lo que ocurre con Oliver Stone”.

A sus 32 años, Echeverría ya no duda: la actuación es también una vocación. “Antes creía que el canto era más honesto y verdadero, pero ahora encuentro esas mismas virtudes al actuar”. Y en ese descubrimiento, también encuentra metas por cumplir. La principal es participar en una sitcom.

“Sería muy feliz haciendo comedia, pero siempre me castean para drama. Y como empecé trabajando en telenovelas, aprendí a llorar en 20 de las 75 escenas que grabo. Eso impresiona a los estadounidenses. El problema es que no hay muchas oportunidades para que una actriz latina sea parte de una sitcom en Estados Unidos”.

De cumplirse su sueño, le encantaría pertenecer a una serie que retomara lo mejor de Girls, Friends o Everybody Loves Raymond. “Me encantan todas esas series. Pero la actriz que más admiro es Taylor Schilling, de la serie Orange is the New Black. Me encantaría interpretar un personaje así, que te puede hacer reír, a pesar de lo mal que la está pasando”.

En cuanto a la música, sigue, pero a nivel más personal. “Yo compongo canciones. Cuando las cosas con mi esposo (Leonardo de Lozanne) no iban bien, le hice una canción. También a mi madre. A todas las personas importantes. Es una manera de marcar etapas de mi vida”. A fin de cuentas, el canto aún la acompaña.

En cifras: 

Salir de la versión móvil