Fotografía: Santiago Arau

18 de diciembre 2018
Por: Nacho Lozano

Ciudad de necios | Si queremos ganar

Necios que insisten en jugar con trampas. Necios que imitan a esos tramposos

Cierra el año con un aroma de esperanza. Y miren que las condiciones estaban dadas para que México y particularmente la CDMX apestaran. Pero no, parece que los chilangos estamos de buenas y confiamos en que “esto” mejorará. Si en política la percepción lo es todo, hoy el presidente López Obrador y la jefa de Gobierno Sheinbaum arrancan con el viento a favor: una popularidad relativamente alta (no la tuvo ni Obama), la percepción en términos generales positiva sobre lo que serán sus mandatos y planes de gobierno, así como opiniones que en general alimentan la esperanza de que “esto” ya está transformándose en algo mejor.

“Esto” es la inseguridad, la impunidad, el desempleo, la mala calidad de vida, los retrasos en salud, educación y el campo. Temas nacionales que se reflejan en la CDMX porque el universo nacional es como el chilango, somos una ciudad que parece país chiquito.

Por eso es que, automáticamente, el gobernante en turno (en este caso la primera mujer electa), se vuelve presidenciable: si le va bien aquí y conserva su popularidad al final del mandato, la elección presidencial es un trámite.

De ahí que las expectativas, esperanzas, ilusiones y percepciones le jueguen a favor, hasta que le jueguen en contra. Y no me estoy burlando, así que me explico.

En varias entrevistas, Sheinbaum me ha dicho que no piensa en ser presidenta, sino en la mejor jefa de Gobierno que haya habido en la CDMX. Pero es ingenuo creer que una política de su calibre no aspire a ser la primera presidenta de México. Si hace bien su chamba, no le quedará de otra más que ser candidata. Eso de negarse no se lo creo. De hecho, en México, afortunadamente, los resultados en la administración pública califican y descalifican a los ambiciosos políticos que son premiados o castigados en las urnas cuando aspiran a otros cargos de elección. Simple y sencillamente los ciudadanos votan a su favor o en contra. Vean nomás las orejotas de burro que el 1 de julio le pusieron al PRI.

Pero la verdadera potencia para los gobiernos que inician estará en algo que pocas veces es recordado y se llama transformación y mejoramiento de valores, en este caso los chilangos. Me refiero a empoderar a los chilangos no solo con información detallada de cómo, dónde, por qué, cuándo y para qué se gasta el dinero y funcionan los servicios públicos (el valor de la trasparencia, el de la rendición de cuentas y la honradez). Los valores de los chilangos incluyen, para nuestra mala suerte, muchos negativos que perpetúan vicios y fracasos sociales.

Creo que, si cualquier administración quiere hacer las cosas mejor que nadie, su éxito radicará sobre todo en convencer a, en este caso los chilangos, que nada es más deseable que mejorar las conductas negativas y apostar por acciones positivas para el de junto y la ciudad toda. Por pequeñas que estas sean, los chilangos tienen el poder absoluto para mejorar o empeorar esta ciudad. Cuando un gobernante convenza a un ciudadano de que dar una mordida, robar, mentir, evadir impuestos, hacer trampa en la calle o aprovecharse de los demás debe terminar, entonces sus planes de gobierno se llevarán a cabo más que aceitados. Tal vez ahí está la apuesta principal: en convencernos de que ser mejores ciudadanos es el mejor plan de gobierno. Ciudadanos que reclamen, exijan, se informen, participen, respeten y ayuden. Para lograr eso hay que predicar con el ejemplo desde los gobiernos, claro.

“Los chilangos tienen el poder absoluto para mejorar o empeorar esta ciudad”

Esta Ciudad de Necios descansará un par de semanas. Nos leemos en enero, cuando los chilangos creativos regresemos con ideas nuevas para mejorar y transformar a nuestra ciudad.

 

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