24 de octubre 2016
Por: Diego Osorno

Monólogo de un alcalde que no es normal

Yo parto de una tesis que a algunas personas les puede parecer rara y a otras no, pero a mí me da lo mismo: si yo hago el municipio más seguro del mundo, sin duda voy a tener muchos malos que quieran vivir aquí, así como también muchos buenos. Y los malos no creo que vengan en una visión de operar su maldad, sino que vienen porque simplemente ellos también valoran la seguridad familiar. Igual y tienen a un hijo bueno, me imagino yo. Si San Pedro fuera el municipio más inseguro del mundo, ni los narcos quisieran vivir aquí. En Colombia la sociedad fue más estricta en el sentido de decir: “No, los hijos de los narcos no entran a las escuelas”. Pero aquí sí están en las escuelas y las escuelas saben que están los hijos de ellos. Con todo ese esfuerzo que hice, no siento que me esté confrontando con ellos, porque en este caso a todos nos une un mismo interés: la seguridad. Puede ser que me equivoque. Y si me equivoco, pues me mandas unas flores al panteón, chingado. Pero si no me equivoco, realmente creo que va a ser un caso de éxito porque les estoy llegando a los malos en un tema en el que tenemos coincidencias. Además, lo he dicho públicamente: a la venta pública de droga le doy en la madre, a los giros negros también, y también voy a pegarle a los casinos para sacarlos de aquí. Sé que en otros municipios, los narcos te buscan y te dicen “tú como alcalde no puedes hacer tal cosa, la policía es mía, el negocio de extorsión es mío y el de secuestros es mío. No te metas al caldito”. Eso lo hacen. Yo creo que el crimen organizado tiene contacto con cualquiera que aspira a un cargo de elección popular en México, o cuando se sienta en la silla. A mí me buscaron cuando fui candidato a gobernador y ahora que fui alcalde también me buscaron. Me ofrecieron quince millones y no los acepté. Nadie me asegura que pueda salir vivo de estas cosas. Sin duda, estos son trabajos riesgosos. Pero hay que hacer algo: yo nunca he visto una guerra en la que hayan ganado los buenos. En cualquier guerra, siempre ganan los malos. Los que son más malos.

[Mauricio Fernández Garza. En su casa de San Pedro Garza García, noreste de México]

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