30 de enero 2017
Por: Diego Osorno

El mundo de hoy sin Kapu

La semana pasada se cumplieron 10 años de la muerte Ryszard Kapuściński, uno de los grandes reporteros del siglo XX, visitante permanente de los rincones del mundo, observador de lo esencialmente humano, quien pensaba que a diferencia de otras rebeldías del mundo, en la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre estaba presente el factor de la purificación moral, un sentimiento de superioridad moral, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario.

“Kapu”, conocedor directo de variopintas rebeldías en el mundo, decía que el guerrillero latinoamericano pensaba para sus adentros: “Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias”.

Sin duda, de ese momento latinoamericano del que hablaba “Kapu”, Ernesto “El Che” Guevara es la imagen más emblemática. Después de la muerte del Che, a principios de los años 70, el periodista Kapuściński escribió un libro titulado Cristo con un fusil al hombro. En esa compilación de reportajes escritos durante su periplo latinoamericano,“Kapu” plasma su habitual cosmovisión, su sensibilidad social, pero también su empatía con los movimientos guerrilleros de la región y de la época.

En estos tiempos de Trump, la obra del periodista polaco puede servir de brújula a la izquierda, ante el resurgimiento de los nacionalismos y las identidades regionales. Al respecto, Artur Domoslawski, biógrafo de“Kapu”, se pregunta: “¿Cómo suena esta expresión hoy, cuando una figura religiosa con un arma se asocia con el terrorismo?”.

De acuerdo con lo que se descifra en la contraportada del libro, el título puesto por Kapuściński a sus reportajes latinoamericanos se debía a que, poco después de la muerte del Che Guevara, el pintor revolucionario argentino Carlos Alonso pintó una figura de Cristo con un fusil al hombro, figura que, por su aspecto y su atuendo, recordaba a un guerrillero.

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“El cuadro se ha convertido desde entonces en el símbolo artístico del luchador, del guerrillero, del hombre que, arma en mano y en las peores condiciones, combate la violencia y la arbitrariedad en su lucha por un mundo diferente, justo y bueno con todos los seres humanos”, explica la contraportada del libro inédito en México.

Después del 11 de septiembre de 2001, a hombres así se les puede llamar también “terroristas”, a todos, al por mayor, anota Domoslawski, quien resalta la distinción entre terrorista y rebelde, debido a que “el rebelde o el guerrillero es alguien que puede tener y esgrimir razones”.

El biógrafo nos recuerda que Kapuściński, como testigo de la descolonización, observó el ascenso al poder de no pocos líderes que podrían ser catalogados como “terroristas”: Ahmed Ben Bella, Menájem Beguin, Anuar el Sadat, Jomo Kenyatta… “Pero hoy –sigue Domoslawski- nadie se atrevería a llamar “terroristas” a estos líderes, que, ungidos por la historia, son héroes de sus respectivos países, culturas y épocas”.

Del autoritarismo feroz y hasta sanguinario que se vivió el siglo pasado en Latinoamérica y México, hemos pasado a un nuevo momento, en el que parece que las transformaciones sociales profundas ya no son objeto de discusión, ante la evidente hegemonía de un modelo económico en el mundo que hace ver a FARC, EPR y otras siglas guerrilleras como algo anacrónico, o hasta como grupos terroristas, mientras que surgen personajes como Donald Trump, encumbrados en la cima del poder mundial.

Kapuściński, con sus dudas de reportero, es capaz de alumbrar hoy en día: “¿Sabemos a quién la historia y la memoria colectiva acabarán definiendo como terrorista y asesino, y a quién como combatiente o incluso héroe? ¿Sabemos lo suficiente de las tragedias vividas por la gente en los lugares más remotos del mundo como para dictar sentencias al por mayor?”.

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