21 de octubre 2016
Por: Luciano Pascoe

Otro ataque a la prensa

El domingo tuve la oportunidad de estar en un panel que organizó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sobre robo de contenidos y libertad de expresión.

Fuimos invitados al panel que moderó Francisco Santiago de El Universal, Carlos Marín de Milenio, Javier Tejado de Televisa, Mario Tascón y Jorge Islas, y las reflexiones fueron varias y muy profundas.

Tascón explicó el debate de modelos de propiedad intelectual y cómo en Europa el debate ha sido distinto al de los Estados Unidos, inclusive cómo Google ha dado marcha atrás en varias tecnologías que daban prioridad a reproductores de información que a los generadores de la misma.

El debate cruzó por múltiples asuntos, cada uno de los ponentes tenía una visión del problema y un caso que comentar.

En el caso de Tv Azteca planteamos en primer lugar el falso debate libertario: quien plagia no puede alegar libertad de expresión. Quien roba el contenido de otros, tampoco.

En particular nos concentramos en sitios —ubicados en varias latitudes del planeta— que toman nuestras transmisiones y las hacen propias, eliminando pautas publicitarias y afectando nuestro negocio de distribución.

La regla es sencilla: nosotros pagamos por contenidos, los comercializamos y los entregamos a la audiencia. Estos sitios y portales distribuyen nuestros contenidos sin pago alguno y eliminando la comercialización.

Esto es particularmente común en el tema deportivo, por ejemplo en la transmisión de partidos relevantes de varios deportes.

Frente a esto no sólo hacemos una denuncia pública, actuamos legalmente para detener esta práctica de pirateo de señales. Es una lucha difícil, porque los sitios quedan inactivos terminando la transmisión.

Además de sitios en el extranjero, algunos portales nacionales promueven desde sus cuentas en redes sociales links desde los cuales la gente puede ver señales ilegales de nuestras señales y también hemos avanzado sobre ellos para evitar esta promoción de espacios con contenido ilícito.

El asunto es, más allá de todo, que sí hay un número importante de medios y espacios —digitales y no digitales— que lucran con el trabajo de otros, que monetizan la propiedad intelectual de otros, que la usan para ahorrarse la inversión de tener a la gente trabajando y produciendo.

Unos son de noticias, otros de deportes, otros de chismes, otros de todo y nada. Unos disque apuntan el origen del medio, otros no, casi ninguno pone la liga a la información original. Muchos ajustan ligeramente la redacción para disimular el robo de información.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE LUCIANO PASCOE: LA CONDESA COMO SÍNTOMA

Así es este negocio, y la verdad es que en el mejor de los casos citan al medio, al reportero, al que hizo la nota, el que fue al lugar de los hechos, el que lo describe y el que hizo el trabajo, lo desplazan por completo en esta ecuación. Le roban su trabajo para estar al día, en la coyuntura.

Por eso es que ante el robo de contenidos, de todos los tipos, es importante hacer un frente común. Un frente para no promover la práctica, para no verla como habitual, como parte de nuestra vida cotidiana. Un frente para que demos crédito, para que demos el justo lugar al medio y al reportero que hicieron el trabajo, que poseen la autoría intelectual de lo escrito.

A pesar de lo que algunos ‘interpretan’ y ‘sienten’, este frente no sería un complot contra unos, ni un acto de opresión contra otros, mucho menos de persecución contra los demás.

Sería un acto de protección a los que hacen contenidos, los que trabajan, esos que defendemos cuando los asesinan, pero no los cuidamos cuando les roban sus letras.

Un frente que sea un acto de respeto a los periodistas.

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