16 de agosto 2018
Por: Rulo

Madonna 60

Madonna está cumpliendo 60 años de edad. Habrá que celebrarlo recordándole al mundo —y sobre todo a las nuevas generaciones— por qué Madonna es Madonna.

Es complicado defender su obra musical de los últimos años. Madonna ha lucido un poco desesperada y cínica en sus tres álbumes más recientes (Hard Candy, MDNA y Rebel Heart), reclutando a productores muy cotizados —como Timbaland, Pharrell Williams, Avicii y Diplo, entre otros— con la clara intención de conquistar a un público joven a como dé lugar. Y no digo que estos discos no tengan momentos brillantes, pero son pocos, y en general palidecen ante las grandes obras que Madonna ha firmado, piezas fundamentales en la historia del pop contemporáneo. En esos tres discos —particularmente en los primeros dos mencionados— más que mostrar cuál es la ruta que hay que seguir, como lo hizo a lo largo de su carrera, parece ser ella la que se está adaptando a las modas y tendencias que rigen el mercado musical. La frase “Siéntese, señora” parece haber sido creada para este periodo de su vida. Y lo peor es que muchos millennials parecen haberse formado una opinión de ella a partir de esta etapa.

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Sería a una barbaridad juzgar la carrera de Madonna a partir de esos discos. Desde su debut en 1983 ha demostrado ser una artista brillante, provocadora y de vanguardia, con una capacidad de reinvención que quizá solamente se ha visto en David Bowie. Durante mucho tiempo dominó las listas de popularidad haciendo música sin concesiones, sin rendirle cuentas a nadie salvo a sí misma, incorporando y sintetizando lo que le interesaba del underground y de la corriente principal en canciones trascendentes, muchas tan experimentales como comerciales, que no han perdido potencia al paso de los años. Y aunque se ha rodeado de algunos personajes increíbles —hasta Björk ha compuesto con ella— es Madonna la que lleva las riendas, la que tiene la última palabra de todo lo que produce.

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También ha sido criticada, censurada e incomprendida. Por sus posturas claramente feministas. Por su desafío al clero. Por su sexualidad abierta y transparente. Por sus opiniones radicales. Por la forma en la que le mostró al mundo lo que cualquier mujer puede ser o hacer. Por su confianza en sí misma. Por la simpatía que siempre ha mostrado hacia las más débiles y hacia las minorías. Por su cruzada contra la doble moral. Por su dominio del arte de la autopromoción. Y sin embargo, la adversidad, más que detenerla, parece alimentarla para seguir adelante. Las palabras de sus críticos —que ahora mucho la acusan de no actuar y vestirse como ellos creen que debería hacerlo una mujer de su edad— son irrelevantes.

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No es una exageración decir que Madonna es la mujer más influyente en la historia de la música. Hubo un tiempo en que todo lo que hacía, decía o presentaba era noticia. El estreno de cualquiera de sus videos dominaba la conversación de los siguientes días. Fue viral lustros antes de que esta palabra se acomodara en nuestro léxico.

“No es una exageración decir que Madonna es la mujer más influyente en la historia de la música”.

A su carrera musical, que incluye su labor como intérprete, productora, compositora y protagonista de algunas de las giras más importantes de la historia de la música tanto en términos creativos como en términos económicos, habría que agregar lo que ha hecho como directora de cine, actriz, icono cultural y de la moda, defensora de derechos humanos, activista, filántropa. Y aunque no todo le ha salido bien —también hay fracasos y resbalones en su currículo—, nunca ha dejado de intentarlo. Por eso Madonna es Madonna.

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