Jorge, Arlette y Diego sostienen Incendiario, un punto de encuentro para los amantes del cine, el teatro, la música, las manualidades y otras expresiones artísticas
Por Juan Gómez
Jorge Arista convocó a un incendio. Era noviembre de 2024 y apareció en una historia de Instagram. Desde esa red popular entre la generación Z, el joven dedicado al teatro y la música hizo un llamado a artistas de todas las disciplinas para participar en la inauguración de Incendiario, un espacio pensado para ser fuego cultural en el norte de la Ciudad de México.
Un año después, Incendiario ha destacado tanto por su variada oferta de actividades, su accesibilidad y su ubicación, que atiende principalmente a las poblaciones circundantes al Estado de México y a las alcaldías del norte de la capital.
Arlette Chávez es estudiante y bailarina; Diego Carvajal es ingeniero bioquímico y se especializa en música. Ambos son fundadores del proyecto junto con Jorge y coinciden en lo desafiante que ha sido sostener una apuesta artística por sus propios medios, sin becas ni otros apoyos, únicamente con el respaldo de una comunidad y el impulso que da estar en tus veintes.
Una comunidad calurosa
Lo difícil, de entrada, fue hacerse de un público. Al inicio acudía poca gente, pero las labores de difusión y el impacto viral de redes como Instagram y TikTok, los conciertos, los talleres, las funciones de cine, los bazares y las obras de teatro comenzaron a atiborrar sus puertas.
La primera sede, ubicada en Lindavista, comenzó a “hacer ruido” en más de un sentido. Las filas y las actividades propias del foro ubicado entre consultorios médicos motivó a que se cambiaran de espacio. Así llegaron a la colonia San Bartolo Atepehuacan, en la alcaldía Gustavo A Madero, a unas calles de la estación del metro Politécnico.
“Esta era una casa abandonada”, cuenta Jorge sobre el inmueble de Corralejo 85, que estaba destinado a terminar como bodega. Sin embargo, los tres amigos vieron ahí la oportunidad de convertirla en su segunda sede. Después de conversar con el propietario, consiguieron una renta accesible y acondicionaron el espacio.
Hoy, la casa de dos pisos cuenta con un garaje convertido en recepción y cafetería. En el foro principal se presentan las bandas, se proyectan películas o tienen lugar los talleres. Y en el piso superior hay una sala de ensayo llamada Incendiario Estudio, un apéndice orientado a las bandas emergentes.
“Ha venido hasta gente de Ecatepec, de Tlalnepantla, de aquí de la Gustavo A. Madero, hasta del sur, de Xochimilco”, cuenta Diego sobre el perfil del público que acude a los eventos. Principalmente han encontrado “mucho calor” entre las bandas juveniles al norte de la CDMX.
Arlette destaca la diversidad de su público, que incluye familias, adultos mayores e infancias que han visitado Incendiario por talleres, proyecciones de películas y conciertos.
En el último año, el foro ha agotado sus entradas para talleres de creación de títeres de 31 Minutos. También ha sido sede de Sin Butacas, un encuentro de jóvenes teatreros, y de Resistimos, el cuarto festival de documentales de resistencia. Además se han presentado bandas como Tacos de Peso, Mátame por favor, Cereza Sangrienta, Pakita Cabeza, entre otras.
Además de los recursos propios invertidos por sus integrantes, el proyecto se sostiene de las entradas que no suelen rebasar los $100; cuotas de inscripción; la renta de la sala de ensayo y grabación; servicios de producción musical y mantenimiento de instrumentos; clases de piano, guitarra y batería; cursos educativos, y la venta de alimentos, bebidas y souvenires.
Entre la precariedad y la autogestión
Hacerse cargo de un espacio cultural en un país con una crisis de precariedad laboral significa una proeza, una forma de resistencia. Es por ello que los tres amigos destacan el motivo por el que Incendiario nació: para agrupar a una comunidad de creadores y generar más oportunidades para todos.
De acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024 se reportó la creación de más de 1.4 millones de puestos de trabajo en el ámbito de la cultura y las artes. Sin embargo, quienes se dedican a esta actividad suelen tener empleos alternos para complementar sus ingresos y sortear la precariedad.
“Sé que es muy difícil, sé que existen muchos artistas a los que les apasiona crear y que tienen que abandonar ese sueño justo porque no es rentable. Espero que el arte siga creciendo para que todos podamos vivir de él”, dice Arlette, quien se siente agradecida de contar con un espacio propio que impulsa estas expresiones.
Jorge, por su parte, expresa las dificultades de dedicarse al teatro cuando es inestable, cuando no hay seguro médico ni otras prestaciones: “Aunque seamos artistas y luego digan que hacemos las cosas ‘por amor al arte’, pues todos comemos, todos nos bañamos y todos queremos disfrutar de nuestra vida”. El joven confía sobre todo en la sostenibilidad del proyecto a largo plazo.
Diego, en tanto, resalta que ante el complejo panorama de acceso a la cultura, Incendiario mantiene los covers a precios bajos para todo el público. “Lo que queremos es que venga la gente, que hagan arte, que platiquemos, que conozcamos más personas y eso nos hace justo mantener esos costos accesibles. Es muy bonito que la gente lo note”.
Para este 2026, cumplido su primer aniversario y con ganas de seguir creciendo, los tres jóvenes adelantan más sesiones musicales, más grabaciones, más talleres, más proyecciones y aprovechan la oportunidad para invitar a dos convocatorias: “Fuego local”, para bandas o solistas que busquen tocar en Incendiario, y una convocatoria general para talleristas.
Puedes seguir las actividades de Incendiario en su cuenta de Instagram; búscalos como @incendiariomx. También puedes acudir a Corralejo 85, colonia San Bartolo Atepehuacan, Gustavo A. Madero
- 1,430,528 empleos se generaron en el sector cultural durante 2024, aunque muchos artistas trabajan en la informalidad
