30 de junio 2017
Por: Mayo Romero

La CDMX en el tiempo: inundaciones

Los problema de inundación que ha tenido nuestra CDMX es desde tiempos remotos y a la fecha no se ha podido solucionar.

“Si ya saben que soy un lago para qué me pavimentan”, se lee en un meme que circulaba en las redes sociales tras las inundaciones del miércoles, pues sí, efectivamente, la Ciudad de México ha sufrido inundaciones desde sus inicios, de hecho corrió el riesgo de no ser habitada

Tal vez creíste que los problemas de inundación eran de tu generación y que era por tirar basura en la calle, en parte sí, pero también es un problema que ha tenido nuestra CDMX desde tiempos remotos y que la fecha no se ha podido solucionar. Para que te des una idea ahí te va la historia

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Moctezuma Ilhuicamina fue el quinto rey tlatoani de los aztecas, durante su reinado se vivió una gran inundación en la que Tenochtitlan quedó cubierta de agua. Moctezuma, sin saber qué hacer, le pide consejos a Nezahualcóyotl para poder solucionar el gran conflicto. La solución que el poeta dio fue crear una cerca de madera y piedra que detuviera la fuerza de las aguas para que no llegaran a la ciudad.

Así varios imperios cercanos apoyaron el proyecto mandando hombres y recursos para que se llevase a cabo la construcción en la que lograron dividir la enorme laguna, quedando la del oriente, lo que se conoció como el lago de Texcoco y la occidental, cuyas aguas rodeaban a la metrópoli y se denominó Laguna de México, cuyas aguas se volvieron dulces.

Pasaron muchos –muchos- años para que la ciudad tuviera otra inundación. En 1521, con la llegada de Hernan Cortés, la ciudad sufre severos cambios, entre ellos la destrucción de la albarrada (pared de piedras) y la construcción dentro del Valle de la nueva ciudad. Con estas nuevas edificaciones se ignoró las construcciones hidráulicas del imperio azteca. Cortés murió pero las construcciones siguieron sin ninguna novedad. En el verano de 1553 llovió por más de 20 horas, -lo que ocasionó el desbordamiento del lago de Texcoco que -sin la pared de piedras- alcanzó a la ciudad inundándola.

El 20 de septiembre de 1629, durante la época de la Colonia, los chilangos vivieron otra lluvia que se dice duro 36 horas. La fuerte lluvia ocasionó -literalmente- la desaparición de la ciudad y la muerte de miles de familias. Se dice que la ciudad quedó sumergida por el agua durante 5 años, tanto que solo se podía andar en canoa y se realizaban misas en las azoteas para confortar a los sobrevivientes.

La magnitud del agua fue tanta que se pensó en olvidar la ciudad y trasladarla a otra parte del país pero tras lo invertido en ella, esa idea se descartó. Mucho se dijo que en esta inundación era en realidad Tláloc llorando por la conquista de 1521.

Las inundaciones no pararon ahí, en 1856 la ciudad volvió a sufrir y no solo por las lluvias, también por los conflictos políticos y del gobierno. En algunas zonas las inundaciones llegaron a los tres metros, para poder enfrentar el problema se lanzó una convocatoria para realizar un diseño del desagüe. La convocatoria la ganó Francisco de Garay, pero los conflictos políticos impidieron que se llevaran a cabo tal cual lo propuso.

Durante el Porfiriato se realizó un sistema de desagüe en la ciudad, donde se construyó el Gran Canal que administraría las aguas del valle que además permitió la construcción del alcantarillado. Con esta construcción se pensaba que la ciudad no volvería a sufrir de inundaciones pero sabemos –porque las vivimos- que eso no pasó.

En 1951 ese mismo canal se desbordó, quedó inutilizado y llenó a la gran ciudad de agua. Varias colonias como La Candelaria de los Patos y San Lázaro, Condesa, Obrera, Doctores, San Pedro de los Pinos y Portales y hasta la Guerrero y Peralvillo sufrieron las lluvias y las inundaciones. Muchas casas y negocios quedaron afectados y la ciudad tuvo que improvisar sistemas de bombeos para resolver la emergencia.

Los chilangos aún tenemos un gran reto por resolver. Mientras hay colonias que sufren escasez de agua, otras se ven afectadas por las  inundaciones. Esperemos no nos  quedemos hundidos en nuestra querida y odiada Ciudad de México.

 

(Fotos: Facebook México de Ayer/Colección Villasana-Torres/Enrique Metinides/Juan Guzmán/Miguel Casasola)

 

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