4 de abril 2024
Por: Redacción

Los carnavales existen y resisten en la CDMX

Los carnavales son una verdadera fiesta; sin embargo, hay toda una tradición detrás de cada uno

Por Edgar Segura*

Con sus disfraces, carros alegóricos y reinas, los carnavales ya son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México. Cada año, durante febrero y marzo, chinelos y charros toman las calles de nuestra querida CDMX y desfilan en trajes bordados con hilo de oro al lado de damas en vestido de gala. Pero también desfilan mujeres y hombres con disfraces de colibríes, medusas, mariposas, diablitos y personajes como Goku, Hello Kitty o hasta Barbie y Ken. Puro sincretismo entre lo más tradicional y la cultura pop, presente por doquier. Estas son las dos caras de la moneda de una tradición con más de 100 años de historia entre los pueblos originarios, pero que con el paso del tiempo incorpora nuevas expresiones. San Francisco Tlaltenco, uno de los pueblos originarios de la alcaldía Tláhuac, cuenta con uno de los carnavales más populares y tradicionales en CDMX. Aquí hay siete comparsas, cada una de las cuales reúne a más de 600 integrantes y 35 grupos de disfraces.

Un origen revolucionario

La historia de los carnavales en esa comunidad se remonta a la época posrevolucionaria. La Sociedad Benito Juárez, comparsa más antigua, data de 1920. Surgió como una organización mutualista cuyo objetivo era reconstruir las viviendas y revivir el campo que había quedado abandonado y devastado por la Revolución. “Aquí hubo enfrentamientos entre federales y zapatistas. Entonces la gente se fue a Milpa Alta o al centro a esconderse. Cuando regresaron, crearon la Sociedad Mutualista Benito Juárez para levantar al pueblo. Los que regresaron de Milpa Alta trajeron el baile de chinelos, y los que vinieron del centro, el baile de cuadrillas. Así nació el carnaval”, cuenta Adrián Chavarría, secretario de la comparsa. Cada año, las comparsas eligen a su reina. Mayra, reina saliente del Club, tiene 24 años y participa desde los ocho en los carnavales. “Fue un orgullo familiar, mucha felicidad y un logro personal”, cuenta. Ahora le toca pasar la estafeta a la siguiente reina en un desfile de gala con charros y damas.

Reflejo de la estructura social

Los carnavales son una verdadera fiesta, pero detrás de ellos hay todo un trasfondo social. Las comparsas crean identidad y vínculos entre la comunidad. La preparación comienza con bastante anticipación, desde seis meses antes, y las y los socios deben organizarse para contratar músicxs y armar vestuarios y carros alegóricos. Además, los carnavales reflejan la estructura social de las comunidades. La segunda comparsa más antigua es el Club Juvenil San Francisco Tlaltenco, que presume ser la agrupación más popular. Nació en 1945 como “la comparsa de los pobres” luego de que la Sociedad comenzó a ser identificada como “la de los ricos”. Además de los bailes de gala, también hay desfiles de disfraces. Caracterizado como Goku, Francisco Chávez Castañeda, “Panchito”, encabeza el desfile del Club a bordo de un carro alegórico con forma de Shenlong. Su posición al frente de la comparsa no es casual. Los lugares se asignan por antigüedad. “Llevo 51 años saliendo en el carnaval”, presume Panchito. “Empecé porque mis abuelos, mis hermanos, mi papá y mi mamá fueron partícipes y las costumbres se deben preservar”, agrega. Pero las costumbres se mezclan con la modernidad. Detrás de él desfila un contingente de Barbies y Kens por la película en tendencia.

Patrimonio Cultural Inmaterial

Apenas el 2 de febrero de 2024 se emitió la declaratoria que reconoce a los carnavales como Patrimonio Cultural Inmaterial de CDMX. “No sabemos en qué nos beneficia”, reconoce Adrián, de la Sociedad Benito Juárez. Pero las comparsas carnavaleras siguen bailando como lo han hecho desde hace más de 100 años, con o sin el reconocimiento del Estado.

*Texto adaptado para + Chilango

CHILANGO IMPRESA, ABRIL, PÁGINAS 34-41

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