Gracias a sus habitantes la Cineteca Nacional se ha convertido en uno de los sitios favoritos de los capitalinos.
4 de abril 2017
Por: Karla Almaraz

Los habitantes de… la Cineteca Nacional

Gracias a sus habitantes, la Cineteca Nacional se ha consolidado como uno de los recintos favoritos de los chilangos.

Ubicada en la colonia Xoco y con más de 40 años de existencia, la Cineteca Nacional se ha convertido en uno de los espacios favoritos de los cinéfilos capitalinos. 

Cuando se trata de cine es casi imposible no remitirse a la Cineteca Nacional, un lugar lleno de arte y cultura que es frecuentado por los chilangos que buscan una buena película o disfrutar de una entretenida exposición.

Oficialmente el recinto se inauguró en 1974 en los estudios Churubusco en Tlalpan; sin embargo, en 1982 ocurrió un incendio que obligó a la Cineteca Nacional a cambiar su ubicación a la plaza de compositores, lugar donde está situada actualmente.

Con el paso de los años fue transformándose y adquiriendo nuevas características que la han colocado como un sitio de interés al que los chilangos acuden fielmente. Pero todo esto no ocurrió por arte de magia, sino gracias al trabajo de todos sus habitantes, quienes han dejado parte de su vida detrás de la pantalla grande.

Detrás de la reseña

Antes de lanzarnos a ver una película normalmente recurrimos a las ya famosas reseñas o a algún texto que nos oriente acerca de la cinta de manera más amplia. Y ese es justo el trabajo de Edgar Aldape, quien forma parte del equipo encargado de realizar estas publicaciones.

Su historia en la Cineteca Nacional comenzó hace apenas un año cuando ingresó para hacer su servicio social, época en la que no se imaginaba que terminaría trabajando en el recinto. Hasta ahora la parte que más disfruta de su trabajo es la de investigar y crear textos para que no vayamos a las proyecciones con la mente en blanco.

“Cuando existe algún ciclo de cine hago textos introductorios, por ejemplo con el ciclo de cine Polaco tuve que investigar todo de él. Me gusta hacer ese tipo de investigaciones porque me agrada mucho el cine y aprendo mucho”, explicó.

Además de su gusto por las películas, Edgar se esmera porque los textos resulten perfectos y así permitir que los asistentes tengamos una visión clara de lo que veremos. “A nosotros nos toca tener toda la información que el público usará para poder guiarse y saber lo que va a ver”, puntualizó.

Al resguardo de miles de rollos

Cuando Óscar Levy llegó a la Cineteca Nacional tenía en mente quedarse sólo tres meses, pero por azares del destino ese periodo se transformó en 30 años.

Desde que puso un pie dentro del recinto se mantuvo prácticamente en la misma área, justo en el lugar donde resguardaban el material fílmico. Con el paso del tiempo consiguió ser uno de los encargados de todo el acervo, que en sus inicios tenía alrededor de 20 mil rollos.

Una de sus tareas principales es cuidar que las cintas se mantengan en perfecto estado, lo cual no es cosa fácil. “Los rollos tienen que mantenerse entre 10 y 12 grados centígrados y de 30% a 40% de humedad relativa, sino el material de acetato empieza a oler a vinagre y de ahí se deforma el soporte, pierde el color y en resumen se desgasta”, detalló Óscar.

Actualmente los rollos se conservan ya en bóvedas especializadas con luz  y temperatura rigurosamente controlada. Aunque no es posible que entren muchas personas al sitio (para no disparar la temperatura) a Óscar le encanta hacer visitas guiadas.

“Me gusta guiar a la gente en las bóvedas, darles la explicación del por qué tenemos los rollos a tal temperatura, cómo  lo tenemos clasificado y organizado, el tipo de almacenamiento que tenemos, entre otras cosas. La gente se va muy satisfecha porque conoce otra parte de la Cineteca Nacional”, añade orgulloso, sobre todo porque el acervo ya cuenta con más de 100 mil piezas.

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Empieza la función

Detrás de cada proyección fílmica se esconden las manos de Antonio Robles Rosas. Lleva más de 20 años en el lugar y es uno de los encargados técnicos que, además de proyectar la película, permiten que todo funcione como debe.

Desde que entró a trabajar tenía fija una idea: que no se suspendieran las funciones de cine. Y a través de estas dos décadas se ha esmerado porque así sea, pues sólo se han cancelado 15 funciones por cuestiones técnicas, y eso después de haber agotado hasta el último recurso para solucionar el problema.

Por supuesto, Antonio ha sido uno de los responsables que la Cineteca Nacional se encuentre al día en cuanto tecnología. “Fui creciendo con la Cineteca y la Cineteca creció conmigo. A raíz de todo lo que aprendes aquí y afuera tu también vas inyectándole esa parte de tecnología, de estar a la vanguardia con los demás cines. Al final es una competencia con todos”, afirma de manera contundente.

Gracias a su trabajo ha tenido la oportunidad asistir a festivales de cine y hasta de conocer a un familiar cercano de George Méliès. “En una ocasión vino la tataranieta de Méliès y trajo la película original de Llegando a la luna en 16 mm. Tuve el honor de proyectar la cinta; es uno de los mayores logros que he obtenido aquí”.

De la taquilla a las finanzas

Gustavo Vázquez realizó su servicio social hace algunos ayeres en la Cineteca Nacional en el área de finanzas; sin embargo, cuando lo llamaron para que trabajara en el recinto fue para que ocupara un espacio en el área de salas como taquillero.

“Siempre me ha gustado el cine, cuando estaba en salas no me importaba mucho no hacer cosas de mi carrera porque me encantan las películas. Fue una buena experiencia que me ayudó a complementar otras cosas de mi trabajo”, nos platicó sonriente.

Aunque ahora ya está en el área de finanzas y se encarga de repartir las regalías, continúa aprendiendo del cine. “Lo que más me gusta es el trato con los proveedores de películas porque me han dado la oportunidad de conocer a los cineastas, con los creativos y eso me ha mostrado una parte que no conocía, la gente que está detrás de las películas”.

Gustavo tiene el honor de presumir que ha visto el cine de dos partes: como espectador y lo que hay detrás. Además tiene el sueño de que algún día se pueda exhibir en la Cineteca Nacional un trabajo propio. “Me gustaría en algún momento pasar una película mía o un cortometraje, me he dedicado a crear cosas y estaría padre que se proyectara alguna idea mía”. Mientras eso ocurre, continuará trabajando como hasta ahora, enamorándose cada día más del cine y la Cineteca Nacional.

(Fotos: Lulú Urdapilleta)

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