31 de agosto 2016
Por: Diana Delgado

Ruidosa capital

En avenidas, zonas comerciales y el Metro, los decibeles rebasan los parámetros de la OMS y afectan la capacidad auditiva de la gente.

ARTE: EDUARDO SALLES

Si existiera un concurso de ciudades ruidosas, la capital mexicana pelearía por los primeros lugares.

De acuerdo con especialistas, los más de nueve millones de habitantes de la Ciudad de México, la población flotante que cada día viene a estudiar o trabajar, los cinco millones de vehículos que circulan a diario y las actividades en espacios públicos —como manifestaciones, ceremonias y conciertos— se combinan para hacer que, en promedio, la urbe solamente tenga 15 días con calidad auditiva al año.

“La mayor parte del tiempo nos exponemos a 85 decibeles, lo que se traduce en daños auditivos para 75% de la población”, explica el investigador Óscar Vélez Ruiz, consultor en la agrupación Revive México.

La cifra está 20 puntos por encima de los 65 decibeles que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como límite en este campo.

Un estudio sobre el tema que la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) comenzó en 2011 advierte que los puntos más ruidosos de la capital del país se ubican en las delegaciones Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza. Por lo general, se trata de avenidas principales, zonas comerciales y turísticas, y las instalaciones del Metro.

En las grandes vialidades se registran entre 70 y 85 decibeles, detalla este Mapa de Ruido de la Zona Metropolitana, que incluye en su lista de puntos de atención los alrededores del antiguo Toreo de Cuatro Caminos, Periférico, Viaducto, las calzadas de Tlalpan e Ignacio Zaragoza y el tramo de Río Consulado que va de La Raza, en el norte, al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), en el oriente.

Durante las horas pico, un automovilista puede tardar más de una hora en realizar este recorrido, en medio del ruido producido por motores, escapes, bocinas, arrancones y frenados repentinos.

En el subsuelo el panorama no es mejor, sólo que ahí el ciudadano no se enfrenta a los sonidos generados por automotores, sino a los de trenes del Metro, vendedores ambulantes y bocineros. Según el estudio de la UAM, la situación es más evidente en la Línea 7 del Sistema de Transporte Colectivo (STC), debido a su profundidad, mientras la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) ha registrado hasta 100 decibeles en diversas estaciones de la red.

Negocios ruidosos

En el espacio público, algunos puntos identificados como ruidosos son la Plaza de la Constitución, donde se registran entre 72 y 83 decibeles; el corredor de Madero, con 71.3; Eje Central, con 73.9, y avenida Juárez, con 76.

De acuerdo con los especialistas, esto se debe a la cantidad de personas que visitan estas zonas, así como al número y tipo de comercios que hay ahí: tiendas, cafeterías, restaurantes, bares y antros.

En lo que va del año, el ruido es el tercer motivo más frecuente de quejas ciudadanas ante la PAOT, con 24.52% del total recibido por la dependencia. Hasta los primeros días de agosto, los dos primeros motivos son las presuntas violaciones al uso de suelo y la conducta de animales de compañía.

Las delegaciones con más reportes por contaminación auditiva son Cuauhtémoc, con 211; Benito Juárez, con 122; Iztapalapa, con 75, y Miguel Hidalgo, con 74. En contraste, Cuajimalpa sólo tiene 11 y Milpa Alta únicamente tiene uno.

Los causantes de ruido señalados con más frecuencia son los bares, los antros y las obras en construcción, a los que la PAOT puede multar si violan los límites de ruido indicados en la Ley de Establecimientos Mercantiles de la capital. Sin embargo, ciudadanos consultados consideran que quejarse ante las autoridades no da resultados, pues los negocios denunciados siguen incurriendo en faltas.

Las “silenciosas” consecuencias

Para el consultor Óscar Vélez Ruiz, los daños que ocasiona el ruido paradójicamente son “silenciosos”, debido a que no se notan con facilidad.

Estas afectaciones incluyen aumento del estrés y de la irritabilidad, falta de concentración, disminución del rendimiento laboral, alteraciones del sueño, dolores de cabeza y reducción de la agudeza visual.

Incluso, una exposición prolongada al ruido puede causar hipertensión y taquicardia, una mayor secreción gástrica y movimiento de los intestinos, una disminución de la capacidad auditiva, problemas de comunicación y propensión a sufrir accidentes.

Por esto, y frente al aumento previsto de la población capitalina y del parque vehicular, los expertos piden a las autoridades locales diseñar políticas públicas que permitan encarar la situación. Entre otras cosas, recomiendan establecer medidas más estrictas para la celebración de espectáculos públicos, incrementar la vigilancia sobre los centros de esparcimiento y revisar las normas de construcción.

En algunos países, por ejemplo, se han empezado a utilizar materiales que tienen más capacidad para aislar el sonido, o se ha recurrido a estrategias como colocar fachadas verdes para repeler el ruido.

En cifras

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