Los pasos del buen gusto

Alejandro Magallanes, uno de los diseñadores más reconocidos de la capital, nos cuenta el secreto de su inspiración: caminar por la ciudad.

FOTOS: LULÚ URDAPILLETA

¿Qué es el estilo para un artista?

“Es como un grillete. Finalmente, [los seres humanos] somos universos restringidos y el estilo surge de nuestras limitaciones”, responde el diseñador gráfico e ilustrador Alejandro Magallanes.

Para él, ese grillete se refleja en aspectos tan cotidianos como la forma en que caminamos: erguidos o encorvados, con paso firme o titubeante…

¿Y cómo camina Magallanes por la Ciudad de México, donde podemos observar su trabajo constantemente en los carteles de películas o de festivales como el Vive Latino, en emblemas como el de la campaña No + sangre o en símbolos como la paloma que representa a la Comisión de Derechos Humanos local (CDHDF)?

“Soy distraído y me pierdo. ¡Me pierdo en todos lados! Me he llegado a perder de camino a mi casa, lo cual me parece el colmo”, admite, aunque también afirma que en ese deambular llega a encontrar inspiración.

“Me ubico por las cosas que veo. Y camino observando el piso porque encuentras cosas padrísimas. De niño, me encantaba ver las corcholatas en el pavimento porque formaban constelaciones”, dice Alejandro Magallanes, quien actualmente siente una cierta fascinación por lugares como el Centro Histórico, debido a la forma en la que ahí coexisten la arquitectura prehispánica con la colonial y la moderna.

“Dice una canción de Calle 13 que, si quieres cambio verdadero, camines distinto. Yo camino de muchas formas. Incluso me gustaría caminar más”, comenta.

Jugar para hacer arte

Magallanes (1971, Ciudad de México) no solamente es uno de los diseñadores más reconocidos que hay en el gremio nacional, sino que su labor también es valorada fuera de México.

Pruebas de ello son que sus obras han sido expuestas en países como Estados Unidos, Cuba, Rusia, Japón y República Checa, y que, gracias a su trabajo en Editorial Almadía, fue incluido entre los finalistas al premio Beazley en la categoría de artes gráficas, un galardón que es concedido por el Museo del Diseño de Londres y cuyo ganador será dado a conocer en enero próximo.

“Lo que más me entusiasma es divertirme”, dice Magallanes, convencido de que el concepto de juego es clave en su trabajo. “Hay juegos que son divertidos, en otros te tienes que concentrar y otros están hechos para apostar y ganar”.

¿Y cuándo es que él juega para ganar?

“Cuando quiero que mi trabajo sea publicado y provoque lo que yo imagino. Ahí sí apuesto para ganar”, responde.

En ese proceso también juega con la percepción de quien ve su trabajo. Como ocurre con las obras de René Magritte, una pipa no es una pipa, sino algo distinto a lo que se ve de primera impresión.

Un ejemplo de esto es el tomo Esto no es (Fondo de Cultura Económica, 2005), un libro de ilustraciones en el que un pasador en realidad es una pareja enamorada, un gancho para colgar ropa es un pez hambriento y un clavo es una mariposa.

“Es algo que traemos de nacimiento, como cuando ves las nubes y les encuentras formas. Juegas a elegir. ¿Quieres que sea una cosa u otra? Esa forma de mirar se vuelve un hábito”, explica Alejandro Magallanes, quien en una pared de su estudio en la colonia Narvarte, al sur de la ciudad, tiene escrita la frase “Se juega para divertirse”, así como numerosas piezas y bocetos.

¿Pero de dónde viene esa inclinación por los juegos?

Para responder, Magallanes se remonta a su niñez. Entonces, su hermana y su hermano dibujaban muy bien, pero dejaron de practicar. En cambio él no, a pesar de que hubo personas que le dijeron que lo hacía mal.

“El dibujo en el niño es un idioma. Pero en algún momento alguien le dice cosas feas, como que tiene mala pronunciación. Ocurre entonces que el niño se frustra y deja de hablar el idioma”, dice.

“[A mí me lo dijeron] muchísimo, hasta la fecha, pero ni me traumé ni lo creí. La gente que lo dice puede tener la razón, aunque a mí no me parece. Y en ese ‘no me parece’ está la gracia”, recuerda.

La importancia de sentir

De su infancia, Magallanes también recuerda imágenes de la ciudad que se quedaron archivadas en su cabeza y después le dieron ideas para trabajar.

“Sobre avenida Revolución había una tienda llamada Slop. La S formaba una planta de pie con cinco dedos. En la carretera, me fijaba en los símbolos de tránsito, que eran acertijos a descifrar”, explica.

Hoy, espacios como Ciudad Universitaria o la propia colonia Narvarte le gustan porque mueven en él emociones.

En otras palabras, le gustan porque lo hacen sentir algo y, con ello, cumplen con el fin último de toda expresión artística, sin importar si su vehículo son imágenes fijas o en movimiento o sonidos que forman música.

“Mi esposa Selva y yo hablamos sobre el gusto. Solemos decir que una cosa no nos gusta y… ¿quién nos ha dicho que tenemos buen gusto? Creo que, más bien, la importancia está en que la cosa [que observas o que escuchas] te haga sentir: que te deje absorto y en comunión con ella”, concluye.

En cifras

  • 14 países han recibido la obra de Magallanes para realizar exposiciones.
  • 1996 fue el año en el que fundó el despacho La Máquina del Tiempo.
  • 6 categorías tiene el premio Beazley, en el que está nominado en artes gráficas.