profesión de las parteras
30 de enero 2018
Por: Dulce Ahumada

Otra forma de llegar al mundo

La profesión de las parteras es hoy una alternativa en entornos donde la violencia obstétrica es una constante realidad.

Leticia Rodríguez Serrano, integrante de la organización Parteras Ticime, nos cuenta sobre la profesión de las parteras en ámbitos urbanos como el nuestro. 

“Ser testigo de la vida es un privilegio.” Leticia Rodríguez Serrano dice estas palabras con contundencia, como si quisiera enmarcarlas. Posa sus manos sobre mi vientre para explicarme lo que hace con las pacientes. El contacto es suave, cálido. Según ella, es por medio del movimiento y del tacto, del cuerpo, como puede “comunicarse” con los bebés cuando están dentro de un vientre.

Dentro del consultorio color azul, las manos de Leticia suelen recorrer los vientres de las pacientes, dando pequeños apretones por algunas áreas. Como las pacientes suelen acudir en pareja, ella intenta lograr también que los padres se comuniquen, que la experiencia del embarazo sea compartida.

“Hola, bebé, tranquilo, relájate, ¿cómo te sientes?”, dice Leticia como si estuviera frente a una mujer embarazada. A este tipo de procedimiento, explica, se le llama presencia biodinámica: “Con nuestras manos acompañamos el cuerpo de la mamá, puede ser el abdomen, los pies, de esa manera ella aprende a escuchar su cuerpo y lo que él le pide”.

El rostro de Leticia resalta su amabilidad. Sin una gota de maquillaje, sus grandes ojos están enmarcados por un par de cejas tatuadas. La primera vez que Leticia presenció un parto fue el de su sobrino. Fue un parto especial: alejado de las habitaciones asépticas de los hospitales. Después de eso ya no pudo detenerse: quiso ser parte de ese proceso, ayudar a que los primeros momentos de vida de un bebé fueran placenteros, para él y para sus padres.

Han pasado 12 años. Desde entonces, han sido tantas las mujeres a las que ha ayudado a traer niños al mundo que ya perdió la cuenta. Pero algunos casos se grabaron en su memoria. La de sus dos nietos, por ejemplo. O la de aquella chica que sentía tanto dolor que hizo todos los movimientos adecuados sin que ella se lo pidiera. “El dolor la hacía rugir como una leona”, recuerda Leticia.

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Parteras profesionales

En muchas comunidades rurales del país, aquellas donde los hospitales más cercanos se encuentran a horas de distancia, la partería sigue siendo un oficio que se aprende de una generación a otra, como la única opción sana de traer un hijo al mundo.

En ámbitos urbanos, sin embargo, la partería tradicional ha optado por profesionalizarse para dar certeza a las pacientes de que no corren ningún riesgo. Hoy, quienes se dedican a esto en la CDMX necesitan un título de Partera Profesional. Leticia, por ejemplo, estudió en el Centro de Adolescentes de San Miguel de Allende (CASA, A.C.).

Una vez concluidos los tres años de estudios, Leticia tuvo que realizar prácticas profesionales. Durante un año, recorrió varias comunidades de México, donde compartió techo y comida con parteras tradicionales. Con ellas entendió detalles y técnicas que no había aprendido en la escuela; mujeres y ancianas que jamás habían tenido estudios eran capaces de llevar a buen puerto partos complejos y delicados.

La partería tiene una larga historia en nuestro país. Según el informe El Estado de las Parteras en el Mundo, en el 2014 había alrededor de 15 mil. Desde 1990, la legislación les dio el reconocimiento de medicina tradicional, pero las calificó como personal de salud no profesional. A pesar de que desde antes ya existían escuelas que las formaban profesionalmente.

Violencia obstétrica

Según un reporte emitido por la Encuesta Nacional sobre Dinámica en las Relaciones sobre los Hogares 2016, en México 2.9 millones de mujeres entre 15 y 49 años durante el parto fueron víctimas de algún tipo de maltrato o violencia por parte del personal médico. De ser una experiencia íntima y trascendente, en los hospitales el parto puede llegar a ser algo parecido a un trámite burocrático, frío; algunos médicos incluso hacen comentarios inapropiados a las pacientes y el ritmo natural de un parto se modifica a partir de sustancias o procedimientos.

En marzo de 2015, la ALDF, aprobó la inclusión del término “violencia obstétrica” dentro de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Los casos se cuentan, todavía hoy, por miles.

“Durante el embarazo hay que ser amable con las mujeres, necesitan estar tranquilas, para que disfruten el momento del parto”, cuenta Leticia. “Nosotras sabemos hacer el tacto vaginal, por ejemplo; pero no lo realizamos en todos los casos”.

Esta delicadeza en el trato, esta preparación calmada e íntima, son bienes cada vez más raros en los hospitales. La mayoría de los partos que son atendidos por las parteras tradicionales se realizan sin anestesia. Aunque esto implica preparar a la madre de manera más cuidadosa, fortaleciendo sus músculos desde muchos meses antes, ensayando y entrenando posiciones, vale la pena: la recuperación de las pacientes suele ser más rápida.

Según la especialista, cualquier mujer es candidata a este procedimiento. “Cuando se acercan con nosotros les ofrecemos pláticas semanales; a través de la información que ellas reciban y puedan consultar por su parte, pueden decidir. También les damos opciones de otros hospitales y métodos”.

Si necesitas más información de la organización Parteras Ticime o quieres considerar la opción de un parto tradicional, visita su página: parteras.org.

En cifras:

12 años son los que Leticia Rodríguez lleva realizando esta profesión.

3 años dura la carrera que forma a las Parteras Profesionales.

15 mil parteras tradicionales se habían registrado hasta el 2014.

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