Golpazos maestros

“Fue un golpe maestro invitar a Trump al país. Pero la gente común y corriente no ve que la intención, desde el principio, era que la reunión en Los Pinos fuera un fracaso, que se armara el escandalazo que se armó, que tuvieran que correr a Videgaray y que Chong se pusiera en caballo de hacienda por la candidatura a la presidencia en 2018. No entiendo cómo es que no lo ven, si está clarísimo”. Este galimatías político, que parece sacado de una mala imitación de House of Cards, me suelta un conocido, que es priista, para intentar hallarle sentido al más reciente harakiri político de Peña Nieto.

Me río, igual que me río de buena parte de los análisis que ven conjuras y “golpes maestros” donde solamente suele haber negligencia, dejadez o imbecilidad. Veamos otra de estas explicaciones, también reciente: “El equipo de Aristegui sacó el reportaje sobre la tesis plagiada del Presidente aquel domingo en la noche, en realidad, para pegarle a Denise Maerker, quien estaba por estrenar su noticiario al día siguiente. Así, la condicionaron desde el primer día. Desde el principio sabían que nadie se iba a preocupar por el asunto en presidencia, porque todos sabemos que Peña Nieto es un bruto. No: esto iba contra Televisa”. El autor de esta joya de la exégesis es mi vecino, uno que da clases en la Universidad y parece dar crédito a esa curiosa teoría que indica que las cosas nunca son lo que parecen (es decir, que la víctima principal de la revelación de que el Presidente copió sin dar crédito a varios pasajes de su tesis de licenciatura en Derecho no es el propio Presidente, sino una periodista sin relación clara con él). Nada de eso: para hacerse el listo uno debe creer (o, al menos, decir) que las cosas son diferentes a lo que la lógica indica, por más abstruso que resulte.

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La multiplicación de estos análisis sin pies ni cabeza es continua y pavorosa. Están en todos lados: en los medios, en la red, en los pasillos. “¿No has pensado que todo esto de los refugiados sirios en Europa lo provocó Alemania, para que Inglaterra se espantara y tuviera que irse de la Unión Europea?” (así explicó el Brexit uno que tiene fama de europeísta). O: “¿No creen que la moda de lo gay es un plan para despoblar los países del tercer mundo y arrebatarnos nuestros recursos naturales?” (los autores de esta cautivante frase de denuncia maltusiana son los cavernarios que dirigen el Frente Nacional por la Familia).

Hacer un análisis político fino y acertado, con conocimiento de causa y contexto suficiente, es algo que quizá no esté al alcance de todos. Pero de ahí a recurrir al delirio y aventurar cualquier cosa que se nos pase por la mente, hay un abismo. ¿Será todo culpa de los aliens, que nos dominan telepáticamente y nos obligan a desbarrar?