Mi grito de Dolores

En los periódicos de encabezados albureros traen minúsculos bikinis tricolor las chamaconas que comparten primera plana con los muertos que entregó el día anterior. Qué nación tan delirante. Aunque no queramos, llegó ya septiembre desde hace varios días. Lluvioso mes patrio. También mes del testamento. Vivan los héroes que nos heredaron una patria enfermita. En el día a día uno se encuentra con más representaciones del cura Hidalgo que Minions, afortunadamente a nadie se le ha ocurrido hacer la fusión ilustrada de ambos. En las esquinas de las calles hay carritos que venden banderas, banderitas y banderotas, bigotes de revolucionario, huevos llenos de confeti, matracas, trompetas y cuanta parafernalia verde, blanco y colorado se pueda uno imaginar. El perro mestizo de mi vecina trae su collar celebratorio. Ladra exaltado porque presiente la noche que se le viene. La chiquillada también espera a que se haga de noche para ver los fuegos de artificio. Paseo de la Reforma está lleno de retículas cadavéricas de foquitos que por igual aguardan al ocaso para encender los perfiles ambiguos y hasta amorfos de héroes nacionales. Qué lindas son las fiestas patrias de la imaginación, qué amena es la ficción de ser mexicano. Me encanta la reinterpretación anual del evento de Dolores. Es mi Navidad y Día de la Madre. No exagero. Federico Gamboa narra precioso aquel 15 de septiembre en que Santa y las otras putas van a la plaza, sólo capturo un cacho: “los astros en el cielo, miran a la tierra y parpadean… conmovidos ante el espectáculo de un pueblo delirante de amor a su terruño, que una noche cada año cree en sí, recuerda que es soberano y es fuerte”.

Pero, caramba, qué difícil es ser patriota hoy en día.

Quizá nunca habíamos sido presididos por una persona tan inepta. Apenas el fin de semana pasado hubo una marcha con fines atemorizantes. Estacionados en pleno maratón Juanga-Reyes, nos entregamos sin freno a una pachangota perpetua y obcecada. La palabra “feminicidio” sigue en nuestros diccionarios. Hay desaparecidos, un conteo de muertes abismal y chistes tipo “ya es cancha oficial” en Televisa. El siete a cero fue fulminante, en Río 2016 quedó claro que somos el país del “a ver si es chicle y pega”, impera la chiripa, el dólar nos pisa los cuellos. Tener talento en México es sinónimo de frustración. Y, hablando como defeño, el cielo está tan contaminado que hemos perdido nuestro derecho básico a respirar. Son sólo ejemplos de dulce, chile y manteca. El caso es que es muy difícil mantenerse patriota hoy en día.

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Leo en el metro una especie de periódico mural de la Universidad llamado torpemente UNAMirada a la ciencia que dice: “Los mexicanos somos reconocidos por nuestra hospitalidad, el gusto por el chile y el tequila, por ser alegres y ocurrentes; sabemos reírnos de nosotros mismos, de nuestros gobernantes, de las tragedias del país e incluso de la muerte.” Estoy harto de eso. Nos han imputado con calzador esa imagen de apocados que se la viven risa que risa. Todo es guasa, dolorosa guasa. Hay un meme que comienza a popularizarse. A grandes rasgos: un mapamundi. Todos los países figuran en blanco y negro, excepto México que está en rojo. Como un esquema escolapio, el texto arriba dice cosas que de alguna manera ejemplifican la mexicanidad: “Países del mundo en los que un niño de primaria sabe más que el presidente”, y México coloreado. ¿Me explico? “Países en los que la gente levanta una piedra invisible para asustar a los perros”, ese es el que más se ha compartido. Una búsqueda somera me entrega resultados apabullantes: “Países en los que las adolescentes se fajan para que sus mamás no se den cuenta de que están embarazadas”, “países en los que es más importante comprar el iPhone 7 que tener una vivienda digna”, “países en los que tu mamá te sugiere tatuarte las nalgas”, “países en los que el presidente no se sabe poner los calcetines”, etcétera, etc.

Vaya grupo de singularidades. Me rehúso a creer que somos eso. Material de una carcajada infinita e inconsciente. Me rehúso a creer que nos hemos resignado a una insignificancia masiva siempre y cuando tengamos nuestra dosis semanal de goles, alitas y memes. El antecedente inmediato del grito “Viva México” llevaba implícita su contraparte: “mueran los gachupines”. Hoy en día, ¿a quién denostamos? Me temo que a nosotros mismos. Viva México, muera México, viva México.

¡Caramba! Esta no es una columna triste ni desalentadora. México se salvará después de todo, como clama el licenciado Vasconcelos en una página memorable del Ulises Criollo. Pero si termino este texto con un párrafo positivo voy a parecer un slogan publicitario de café en polvo o esas estampas en las entradas a los OXXOS que inexplicablemente dicen: “México tú puedes”. Todo el tiempo se está en jaque en esta patria.

Quedémonos, pues, con Gamboa. Esta noche creamos en nosotros y recordemos que somos soberanos y fuertes.