Una ciudad para todos

El 15 de septiembre se debe instalar la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, lo que iniciará la última fase de la reforma política de la capital.

De la centena de asambleístas falta definir qué sucederá con quienes han dicho que no asumirán ese cargo y faltan también los designados por Peña Nieto y Mancera, así que aún falta claridad en eso.

EL proyecto de constitución que enviará el Jefe de Gobierno debiese recuperar los avances democráticos de la capital de los últimos 19 años. La gran promesa de Cárdenas en 1997 fue la recuperación conjunta de la ciudad.

Si comparamos con lo que había antes, el avance es evidente; sin embargo, en muchos otros temas seguimos atorados y, en otros, los gobiernos de la ciudad —y los de las delegaciones de todos los partidos— han caído en las prácticas que los ciudadanos aspirábamos a no ver más.

La constitución debe plasmar lo que somos y, sobre todo, lo que queremos ser; el ideal de sociedad con la dosis necesaria de realismo.

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No debería incluir, por ejemplo, si el comercio informal se debe regular, sino el modelo comercial que queremos tener; tampoco habrían de estar los programas sociales y hacerlos inamovibles, sino el diseño de política social al que aspiramos.

Unos quisiéramos ver extintos los programas clientelares y lejos del presupuesto, incluso en la cárcel, a quienes explotan la necesidad de la gente con fines políticos.

Será indispensable considerar aspectos menos mediáticos pero no menos relevantes. Por ejemplo, el ordenamiento del desarrollo urbano desde una visión integral de políticas públicas, cómo asegurar la creación de polos de desarrollo que den pie a nuevas dinámicas.

En este sentido, la constituyente debe considerar un diseño de largo aliento para dar viabilidad al acceso a servicios para todos, como el agua en Iztapalapa; cómo evitar la depredación de zonas ecológicas como Xochimilco y Los Dinamos, hoy nadie puede entrar ni salir del llamado nuevo Polanco; o garantizar la movilidad para todos, incluso en zonas ya construidas como Santa Fe.

El diseño de ciudad que queremos no debe evitar su desarrollo, pero no puede estar regido por la corrupción o la ceguera de unos cuántos. Una ciudad de vanguardia no detiene el crecimiento, lo ordena y acompaña.

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Sociólogo por la UNAM. Socialdemócrata en la vida y liberal la política pública. Fue político, comunicador y director adjunto de Proyecto 40.