¿Has pensado en cómo sobrevive la gente que hace teatro?

Durante tres días, del 25 al 27 de julio, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo se presentaron los resultados escénicos del diplomado “Transversales. Representaciones y teatralidades de lo común” de Teatro Línea de Sombra. Las preguntas, las reflexiones y las premisas lanzadas en cada una de las sesiones englobaron desde la estructura cultural del país y las condiciones laborales de los artistas teatrales, el género y la identidad, hasta la educación como dispositivo regulador del comportamiento.

¿Es posible vivir del teatro?, ¿los jóvenes que invierten durante cuatro años en su educación artística ven bien retribuida su inversión en el campo laboral?, ¿cuánto dinero se destina a la cultura y cuánto queda dentro de la burocracia? Las preguntas lanzadas en este primer ejercicio arrojaron resultados desoladores.

¿De qué sirve una infraestructura tan compleja como la de la Secretaría de Cultura o el INBA si esto no se ve reflejado en las condiciones de los artistas, o si esto no tiene una cercanía con el público en general? La maquinaria cultural de nuestro país quizá destaque frente a las de otros países en vías de desarrollo, pero no cumple su función si sólo es percibida como un monstruo burocrático y lejano que a la primera oportunidad exhibe que la cultura “no le importa a nadie”, mediante recortes presupuestales. En estos momentos de transición y con la Ley de Cultura cocinándose, quizá sea un buen momento para participar y buscar transformar un poco a ese monstruo.

DesgeneradXs, que planteaba la posibilidad de desgenerarnos y explorarnos más allá de estos límites, y Cuerpos desobedientes, que evidenció a la educación como dispositivo regulador de comportamiento (donde a uno se le enseña siempre a obedecer), fueron las otras dos propuestas de este diplomado que se impartió bajo la tutoría de Mariana García Franco y Gabriel Yépez, en colaboración con Telecápita y La Comuna.