Fantástico animal

Además de las estatuas de perros, los animalitos rescatados y un mural de azulejos, en el edificio de posgrado de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia hay un museo de anatomía patológica que casi nadie conoce. Ni siquiera los unamitas de facultades vecinas. ¡Qué falta de curiosidad!

Quien haya estudiado carreras relacionadas con ciencias biológicas va a entender todo lo que está exhibido. Para el resto de los mortales, las vitrinas son tan fascinantes como ininteligibles, y remiten a películas de terror, exposiciones de Damien Hirst y a los libros de texto de las materias que más trabajo nos costó pasar (¿alguien más aquí se fue a extraordinario de Anatomía?).

El museo está en la FMVZ desde 1971, aunque sus antecedentes se remontan a un par de décadas más atrás, cuando el doctor Manuel Sarvide, exjefe del departamento de Patología y exdirector de la entonces Escuela de Medicina Veterinaria, lo creó como un complemento a la formación de los alumnos. Era y sigue siendo único en su tipo en el país.

En los cinco enormes muebles de vista doble se encuentran especímenes con malformaciones congénitas, órganos con algún padecimiento gacho (el hígado de perro con cirrosis hepática es particularmente perturbador, junto con el intestino repleto de parásitos, ¡guácala, qué miedo!), tumores, osamentas y extremidades. Y ahora que el internet arde en memes de fetos, aquí hay mucho material: el feto murciélago, el feto caballo, el feto tortuga y hasta el feto chinchilla. Bonito, así que digas bonito, pues no es, pero sí interesantísimo e impactante.

El Museo de Anatomía Patológica está dentro de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, en el Campus de Ciudad Universitaria. Abre de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00, cuando hay clases (checa el calendario académico, no vaya a ser). La entrada es libre y puedes entrar como Juan por su (máxima) casa (de estudios). Casi nunca hay nadie y es posible que tengas el museo para ti solo.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.