Las rarezas del Museo del Calzado

El Borceguí es una zapatería que existe desde 1865 y que tiene como lema “Para una gran ciudad, una gran zapatería”. Aunque la tienda no es especialmente atractiva para el millennial genérico que ya mejor todo lo pide por internet, sí es curioso asomarse a un negocio que abrió a mediados del siglo XIX e imaginarse cómo era el Centro Histórico en aquel entonces. Pero lo mejor está al subir las escaleras, donde el actual dueño, José Villamayor, abrió en 1991 un museo dedicado exclusivamente al calzado.

El lugar no es especialmente glamuroso. Carrie Bradshaw y los fashionistas de Polanco lo desaprobarían tajantemente, y por eso mismo nos gusta mucho. Es interesantísimo ver la historia contada a través de los zapatos: chanclas egipcias, “cubrepies” de armadura medieval, zapatitos chinos diseñados para deformar los pies de las mujeres, las botas que usó Neil Armstrong para el vuelo del Apolo 11 —son las “deadevis”, donadas por la NASA— o un zapatito que perteneció a la reina Isabel.

También hay zapatos según las modas de cada década, tanto de otros países como de México: desde botitas victorianas hasta los plataformones setenteros que parecen de broma. En las vitrinas se exhiben los zapatos de varias celebridades mexicanas. Está la botita desgastada de Carlos Monsiváis, los zapatos cucos de Elena Poniatowska y de Lupita Loaeza y los mocasines de Carlos Fuentes y de Fernando Benítez. También unas zapatillas muy monas de Cristina Pacheco que seguro donó porque no le servían para cristinapachequear, las botas noventeras de Carmen Aristegui y los modelos de diseñador de Gaby Vargas y de Adela Micha.

Además, puedes conocer zapatos típicos de varias regiones de México y de otros países, zapatos de novia, zapatos de deportistas célebres… Después de tanta inspiración zapatera, vas a apreciar mucho más cada par de tu guardarropa.

El Museo del Calzado está en Bolívar 27, en el Centro Histórico, y abre de lunes a viernes de 10 a 14 y de 15 a 18 horas, y sábados de 10 a 18 horas. Tú lleva zapatos cómodos.

Compartir
Artículo anteriorUn tipo meándose en los chiles
Artículo siguienteFotogalería I El secreto del Museo de Arte Moderno
Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.