Mario Palacios Kaim, el artista que se permite cambiar

De formación autodidacta, el artista originario de la Ciudad de México, tiene una trayectoria de 46 años, su obra comprende pintura, dibujo, estampa, embalaje, instalación y accionismo. Y su producción artística está en colecciones públicas y privadas, tanto nacionales como foráneas.

De niño, Mario Palacios dibujaba caricaturas de sus compañeros y de los profesores, pero fue hasta los 17 años que decidió tomar en serio eso de dibujar porque se dio cuenta que a través del dibujo hay una manera de reflexionar ­–es otra manera de pensar–. Mario asistió a diversos talleres, visitó museos, incluso fue alumno del famoso pintor mexicano Luis Nishizawa.

Pero fue a través de la experimentación para intervenir cualquier objeto, lo que le ha permitido presentarse en plataformas para exhibir su obra artística, en diversos lugares de la Ciudad de México y del país, así como en lugares, galerías y museos internacionales como en los jardines de Luxemburgo en París, en el Crocker Art Museum en Sacramento California y en la Royal Academy of Arts de Londres.

Los conceptos que Mario Palacios aborda son el orden, la complejidad, la levedad, la pureza y el caos, que oscilan entre el formalismo y el sentido simbólico.

Perspicere es su más reciente exposición, el nombre proviene de un vocablo latino que significa mirar con claridad, explorar mentalmente, mirar a través. El historiador de arte Erwin Panofsky reflexionó entorno a este concepto en su célebre estudio La perspectiva como forma simbólica, publicado en 1927. La palabra también podría explicar de lo que hay al principio del acto del ready-made o arte encontrado en español, que es el arte realizado mediante el uso de objetos que no se consideran artísticos o incluso en la elección de objetos sagrados encontrados, por parte de las culturas antiguas.

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¿Cuáles son los elementos característicos de su obra artística?

Que es una variedad, es variable, diversa, hay de todo, muchos tipos de técnicas, inclusive en esta exposición hay un ready-made que es un objeto encontrado, hay pintura, ensamblajes magnéticos –pequeñas esculturas de refacciones textiles–. Además mi obra es muy cambiante.

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para crear nuevas obras?

No sé quien encuentre a quién, porque son cosas muy cotidianas, llega un momento que ya se integran a mi vida diaria. De estar haciendo cosas, observando por ejemplo las acciones textiles de deshecho, ya usadas, lastimadas, las encontré y me dije: algo voy a hacer con ellas. Me las traje a mi estudio donde tengo unos imanes que traje de otro lado, y cuando me di cuenta empecé a juntarlos, se empezaron a generar unos ensamblajes que me gustaron y me motivaron a seguir y salió una serie de 20 a 25 piezas, entonces la inspiración como decía Picasso, que sí creía en ella, pero que siempre que llegaba lo encontraba trabajando, el trabajo mismo es una inspiración.

¿Cuáles son los elementos característicos de su obra?

Los materiales como el óleo, desde siempre he trabajado con aceite sobre tela, el óleo es fascinante para mí por las transparencias que tiene, la opacidad, el brillo, el olor, vaya en fin, para mí es una adicción pintar al óleo. Ahora por ejemplo, estoy trabajando con neopreno que me llevará mucho tiempo. Y recientemente trabajé con hoja de plata sobre papel y permití que se oxidara para dejar ver esas marcas que van apareciendo con el tiempo. Me encantan los lápices, los carbones, las tintas, aunque también estoy pepenando un poco de materiales industriales como mallas plásticas, papeles encerados y horneados donde se fabrica el pan, cosas de ese tipo y los meto en contraste con papel de Nepal que es muy fino y transparente, siempre estoy experimentando.

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¿Quiénes son tus artistas favoritos y por qué?

Uy, qué buena pregunta, hay muchos, pero por dar un ejemplo, para la exposición, Perspicere, estoy usando dos citas de un artista francés que me encanta, Francis Picabia. Una de ellas dice: “La razón es una luz que me deja ver las cosas como no son”, la otra quisimos dejarla en inglés, es el título de una exposición retrospectiva de Picabia que ahora está en el MoMa de Nueva York y dice: “Our heads are round, so our thoughts can change direction”.

Tus exposiciones no sólo han tenido lugar en México, también en el extranjero como en Egipto, ¿en qué lugar fue y cómo fue aquella experiencia?

Eso fue en 2003, a través de una invitación que me hicieron para celebrar el primer aniversario de la nueva biblioteca de Alejandría. Para entonces había terminado siete piezas en hoja de plata con óxido y decidí proponerlas como una donación a la biblioteca. Fui por 10 días, estuvo presente la (entonces) primera dama, la señora Suzanne Mubarak, la biblioteca es un lugar precioso, tiene una colección de libros de todo el mundo, con escritura árabe. Así fue como sucedió, muy casual, me dejó una huella muy fuerte porque es un país de contrastes sociales y económicos, estar ahí y descubrir los rastros de la humanidad, fue maravilloso e increíble.

¿Qué recomendación le darías a los jóvenes que buscan abrirse paso en el mundo del arte?

Tienes que creer en ti mismo, pero sobre todo mantener abierta la mente y la percepción, no quedarse con la idea de soy abstracto, contemporáneo, moderno o no sé qué, esas cosas reducen nuestra capacidad humana. Entonces, lo único que puedo decir es que me he dedicado a practicar y permitir el cambio, porque la vida, siempre, está llena de sorpresas.

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Fotos: Cortesía