Crónicas sobre un país que supera la ficción

Foto: Lulú Urdapilleta

Lince Ediciones ha reunido en México, tierra inaudita dos decenas de crónicas del periodista Aníbal Santiago que retratan el México que hemos vivido en los últimos años

Hace más de una década, el periodista Aníbal Santiago comenzó a rastrear los personajes e historias que hacen de este país un lugar insólito, único. Las crónicas y perfiles que redactó a partir de sus búsquedas fueron publicados en revistas como Emeequis, Newsweek en español y Chilango. Lince Ediciones compiló 19 de esos textos para crear el libro México, tierra inaudita: relatos de un país inimaginable, en el cual aparecen historias que solo pudieron haber surgido en un entorno surreal y violento en exceso, como ha sido nuestra nación estos últimos años.

Ahí están los rarísimos XV años de Rubí junto a un pueblo desamparado, los niños que toman clases a poca distancia de fosas clandestinas o la vida de un reportero-fotógrafo en el municipio más violento de México. Mundos distantes que convergen en un mismo punto: la ausencia de límites.

¿En qué momento decides que una historia o un personaje tienen potencial para ser abordados en un texto narrativo extenso?

Creo que es intuición, darme cuenta que no hay una historia pequeñita, sino la semilla de una gran planta. Las historias del libro tienen orígenes muy distintos; por ejemplo, “Super Tarín, el ídolo de los reclusorios”, nació una vez que me paré en un puesto de periódicos, vi la revista Box y Lucha, que yo compraba cuando era niño, y había una foto de un luchador con un traje del América. La nota decía: “Super Tarín, el ídolo de los reclusorios, reparte regalos a los internos”. Averigüé y supe que era un líder de ambulantes del Centro, y que tenía una caravana de 10 o 15 luchadores que visitan las cárceles del Valle de México. Pero en el trasfondo es una especie de abogado, de justiciero. Si a un interno homosexual lo están golpeando, él hace gestiones con los verdugos para que lo dejen. Él estuvo preso, si no me equivoco, por 20 años, entonces mueve desde afuera los hilos de las cárceles y lo reciben como a un dios.

¿Cómo fue que llegaste a los personajes? Pienso, por ejemplo, en el reportero de Ecatepec.

Yo quería contar la historia de un reportero de nota roja en el municipio más violento de México. Alguien me dijo: “hay uno buenísimo, que además es fotógrafo, es un kamikaze, muy entregado a su profesión. Se llama Iván Montaño”. Me pasaron su teléfono y le dije: “me gustaría contar tu historia, seguirte varios días en tu actividad”. Dijo que sí, y encontré a un personaje realmente increíble, valiente, inteligente. Me pareció sorprendente que alguien amara tanto su profesión, cuando es tan espeluznante. Aparte no solo es capaz de registrar esa inmediatez terrorífica, sino también de filosofar sobre su actividad en la vida, y de entender el mapa del narcotráfico en el Estado de México.

¿Tienes protocolos de seguridad cuando sigues historias sobre violencia?

En las historias que tocan asuntos dramáticos o dolorosos no tengo un protocolo, pero sí tengo cuidado. En la investigación sobre las primarias de Iguala fui solo, las fotografías las tomé yo y me quedé varios días en la ciudad. Sentía que era una responsabilidad con mi tiempo abordar el tema. Siempre me intrigaba qué pasa con los niños que escuchan de cadáveres, muertos y desapariciones. Ubiqué las fosas en un mapa, y vi cuáles eran las primarias más cercanas. Al principio llegué a la oficina que coordina la educación en el municipio y me entrevisté con la directora, que me contó muchas historias dolorosas. En la primera escuela, el profesor me dijo que todo debía ser breve y debíamos salir en motocicleta rápido.

¿Te has autocensurado porque un contenido puede ser peligroso?

En Iguala había acusaciones hacia ciertos personajes. No tenía acceso a ellos, eran ilocalizables, no tenía manera de comprobar los dichos. En un terreno así prefiero no meterme porque no sé si estoy informando con la verdad.

¿Hay algún perfil que hayas querido escribir y aún no lo hayas hecho?

Siempre me ha fascinado Ricardo La Volpe: sus declaraciones, su manera de pensar, es como una especie de diablo viviente que ve más allá, con una frontalidad absoluta.

¿Hay algún personaje del futuro gobierno que quisieras abordar?

Me quedé maravillado con una entrevista a Olga Sánchez Cordero. Qué mente genial. Ella podría ser clave para la transformación del país. Tiene la capacidad de ver a México como un reloj compuesto por miles de piezas.

¿Qué historias crees que se estarán contando con el nuevo gobierno?

Es difícil saberlo, lo que sí siento es que los periodistas que tenemos una tendencia ideológica de izquierda estamos en un momento conflictivo, porque siempre vimos al PRI como el gran enemigo. Tenemos que seguir con un ojo fino, ser rigurosos, presentar controversias, polemizar. No nos podemos convertir en una comparsa que le aplaude al presidente. Ojalá los temas sean sobre cómo estamos logrando revertir el México negro.

¿Qué sugerirías a alguien que quiere escribir crónica?

Que se abstenga de los aparatos; distraen, dan información inmediata pero con poca profundidad. Y que se levanten del escritorio, salgan de las oficinas y vayan a la calle. Si vivimos entre tuits y Facebook, y lo que nos dicen las noticias refriteadas por los medios, tenemos muy poco contacto con la realidad.