Hostiles con la gente pequeña

Día a día, las personas de talla baja padecen desde problemas para utilizar el transporte público hasta discriminación laboral.

ARTE: ALBERTO MONTT

Estela es abogada, trabaja como empleada administrativa en una dependencia del gobierno de la Ciudad de México y atesora su empleo porque obtenerlo le tomó más de 10 años.

A lo largo de ese tiempo, la acondroplasia que padece y que no la dejó crecer más de un metro con 20 centímetros motivó que fuera discriminada con frecuencia, al grado de que había oficinas en las que ni siquiera le abrían la puerta.

En una ocasión, fue a pedir trabajo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Además de ella había otros dos candidatos —una persona en silla de ruedas y otra sin discapacidad— y Estela fue descartada de inmediato.

“Ya desde la entrada, cuando te ven, te dicen no, pero no saben si tienes estudios o preparación, o sea, ni siquiera te dan la oportunidad”, recuerda Estela, quien considera que esta circunstancia representa una seria limitación para todas las personas de talla baja.

“[Cuando vives esto] te excluyes de la sociedad, te encierras y a lo que te dedicas es a los circos, a divertir a la gente”, dice esta capitalina de 36 años, quien encontró su trabajo actual después de recorrer ferias de empleo.

En su caso, la discriminación laboral no es la única adversidad que ha tenido que enfrentar. También se ha topado con maltratos, insultos y burlas —como las de sus compañeros de escuela, quienes la llamaban “Chucky” o “Elmo”—, sin contar los problemas de salud.

Debido la acondroplasia, una de las 250 displasias óseas que ocasionan la talla baja, cuando era niña Estela tuvo que someterse a 32 operaciones solamente para poder caminar. Por esa razón, su infancia transcurrió entre consultas, quirófanos y periodos de descanso en casa.

“No saben lo que enfrentamos”

Calvarios de este tipo son frecuentes para las personas de talla baja, una condición comúnmente conocida como enanismo y que tiene un origen genético.

Organizaciones civiles como Gran Gente Pequeña estiman que entre 11 mil y 13 mil mexicanos integran este sector. No existen estadísticas oficiales sobre el tema, puesto que estos ciudadanos no están incluidos en la categoría de personas con discapacidad.

“Las personas de talla baja pueden moverse, ver, escuchar, y se piensa que, como pueden hacer todo eso, no tienen una discapacidad”, dice Rodrigo Rojas, miembro del consejo directivo de la agrupación.

Frente a esto, los activistas argumentan que casos como el de Estela evidencian que este sector día a día se enfrenta a numerosas desventajas. Por ejemplo, parte de la infraestructura urbana está adaptada con rampas o guías para quienes no pueden caminar o ver, pero no para quienes miden poco más de un metro de estatura.

Estela cuenta que tan sólo abordar un autobús del transporte público es una tarea difícil. A la fecha, las unidades que circulan por la capital no tienen algún tipo de adaptación, por lo que algunas personas de talla baja incluso se apoyan en el vientre para poder subir.

Lo mismo ocurre en el Metro y el Metrobús, donde las adecuaciones que las autoridades han hecho en algunas estaciones todavía resultan insuficientes.

“Te ven en la calle y dicen ‘mira a esa persona chiquita o enanita’, pero no saben en realidad que nos enfrentamos a muchos obstáculos en la movilidad, en las banquetas, en los transportes públicos, en los asientos…”, dice Estela.

Para desplazarse desde Cuautepec Barrio Alto, en la delegación Gustavo A. Madero, hasta la colonia Roma, donde trabaja, optó por comprar un auto. Sin embargo, esto no puso fin a sus inconvenientes, porque la agencia donde adquirió el vehículo no pudo hacerle adaptaciones y ella tuvo que encargarlas por su cuenta.

“No hay conciencia en la sociedad para [atender a] la gente de talla baja. Hay conciencia para sordomudos, para ciegos, para [personas en] silla de ruedas, pero nunca pensaron ver hacia abajo”, reclama.

Combatir el rechazo

A pesar de lo anterior, las organizaciones como Gran Gente Pequeña consideran que el país ha avanzado en prestar atención a este sector en comparación a como estaba antes. Uno de estos logros se registró en 2013, cuando empezó a conmemorarse el 25 de octubre como el Día Mundial de las Personas de Talla Baja.

Rojas cree que este es un primer paso para visibilizar las necesidades de estos ciudadanos, como la de promover cambios legales y administrativos para evitar que sufran algún tipo de discriminación, en especial en el terreno laboral.

“¿Cuándo nosotros estaríamos satisfechos? Cuando una persona de talla baja llegue a un trabajo y no exista ese rechazo que hay casi de forma automática, o que un niño llegue a la escuela y sea visto y aceptado como cualquier otro niño”, dice.

Capitalinos como él y como Estela sueñan con que ninguna persona en su condición tenga que sufrir los insultos que ellos han recibido, solamente por tener una estatura menor a la del promedio de la gente.

En cifras

  • 11 mil a 13 mil personas de talla baja se estima que hay en el país, de acuerdo con ONG.
  • 250 displasias óseas causan la talla baja, aunque expertos creen que puede haber más.
  • 2013 fue el año en el que México empezó a conmemorar un día dedicado a este sector.