El rey de la libertad

Abandoné la hamaca donde dormitaba y caminé bajo los nísperos y aguacates de un pueblito de Morelos que arrullaban con su sombra al jardín. Al llegar a la mesa, uno de mis amigos preguntó: “¿Viste quién murió?”. “No”, contesté. “Juan Gabriel”, me informaron. “Pero si estaba sano, delgado, recuperado”, me asombré. Dijimos algo así como: tanta salud al final lo afectó, y de inmediato Ángel trepó hasta un primer recuerdo: él y su padre un día de los años 80 en una mesa del Centro de Espectáculos Premier: “En algún momento de la noche, todos, meseros, público, levantaban sus trapos parados de sus sillas. Cantaban, lloraban, joteaban desbocados ante el hombre que tenían enfrente”.

Sentados a la mesa la tarde de este domingo, Emiliano y Ángel —creador de videoclips desde Café Tacvba hasta Calle 13— iniciaron un diálogo, como luchando para que sus palabras descifraran el fenómeno Juan Gabriel.

—Emiliano (E): Hace poco vi un video de un concierto. Alguien en su butaca le gritó una cosa como “pinche puto”. ¿Sabes cómo reaccionó? Bajó, se sentó en las piernas de ese señor y sonriendo le cantó: “te pareces tanto a mí”.

­—Ángel (A): Todos los músicos que he conocido respetan a Juan Gabriel.

—E: En el arranque de la serie que están pasando sobre él, los músicos a los que entrevistan hablan de Juan Gabriel como si fuera Mick Jagger.

—A: ¿Qué músico del género que quieras no lo interpretó? Sinfónicos, jazzeros y hasta blueseros. El año que Jaguares ganó el Grammy (2010) a mejor rola yo dirigía su gira: en el evento nocturno en Las Vegas apareció Juan Gabriel y Saúl fue: sombrero abajo (en el escenario estaba Su Majestad). ¿Ante quién se rinde todo el mundo musical? To-dos: los Tacvbos, Cerati, Marc Anthony, los Estefan, Rubén Blades. Todos estaban vueltos locas. Vueltos lo-cas.

—E: En un mismo concierto cantaba, bailaba, cabuleaba.

—A: Eran tres horas en las que no paraba. “Querida” es Juan Gabriel. Y Juan Gabriel es un género: el género Juan Gabriel. ¿Quién compone así? Sus rolas tenían pasajes: en ocho minutos viajaba de una cosa a otra a otra y otra, iba y venía entre emociones.

“Pon la de Adoro en Bellas Artes. No mames: un rolón”, pidió Emiliano. Ángel le hizo caso: tomó su iPhone y empezó a teclear.

—¿Quién habrá sido el amor de su vida?”, pregunté.

—A: Tuvo una pareja estable pero era en realidad un apasionado del amor. Literal. La última vez que lo vi yo filmaba en Miami un videoclip y me hospedé en Española Way, una calle bonita, con restaurantes y hoteles. Estaba solo, dije ‘a ver si ligo algo’ y salí a caminar. No ligué nada y de regreso me topé a Juan Gabriel: en plena calle discutía por teléfono con la pasión de un adolescente que pelea con la novia o el novio. Lo veía y pensaba: un adolescente, en el rush de su primer amor, discute con su amado o amada. Pero no, era Juan Gabriel, recordó.

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Pasó un minuto y en nuestra mesa Ángel encontró “Adoro” en YouTube. Con un oscuro saco con adornos dorados, el Divo de Juárez ya se desgarraba:

Adoro la forma en que sonríes,

el modo en que a veces me riñes,

adoro la seda de tus manos,

los besos que nos damos,

los adoro, vida mía.

“Esos clímax”, “su pasión”, “los bailecitos”, “su irreverencia”, decían mis amigos y luego tarareaban. En la pantallita, su ídolo: volvían a elogiarlo y cantar.

El video acabó y Ángel dijo algo más. “Juan Gabriel era: yo puedo hacer lo que sea. No tengo que cuidarme de nada ni de nadie. Puedo decir lo que quiera y comportarme como quiera, tocar donde quiera y morirme el día que se me antoje. Dime —preguntó—: ¿quién en este país ha tenido esa libertad?”.