Foto: Cuartoscuro

Ciudad de necios | Migrantes y chilanga banda

Opinión
Necios que odian a los migrantes. Necios que no se dan cuenta de que odiarlos es odiarnos a nosotros mismos

El Trump que los chilangos llevamos dentro está desatado. Pinche animal que no se queda quieto. Ayer llegaron cerca de 1,500 migrantes al Estadio Jesús Martínez “Palillo”, en la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca. Las gradas se convirtieron en camas de cemento para hombres y mujeres que vienen caminando y trepando el coche que se pueda desde Centroamérica. Como si desde la tribuna los hermanos migrantes —que dejaron todo por encontrar algo mejor—, observaran la pista deportiva para ver si los chilangos los vamos a abrazar o si el espectáculo que daremos será uno de asquerosa discriminación y repudio.

Sus zapatos están rotos, sus países también. Por eso huyen, por eso buscan un mejor lugar para ellos y sus hijos pequeños que también los acompañan o que nacieron durante la caravana de hondureños, pero también salvadoreños, venezolanos, guatemaltecos y mexicanos.

“Sus zapatos están rotos, sus países también. Por eso huyen, por eso buscan un mejor lugar”

El Trump que muchos chilangos llevan dentro no entiende que viajan en caravana para protegerse entre ellos, porque andar solos significa exponerse al crimen organizado que fácilmente los extorsionaría, asaltaría, explotaría sexualmente, secuestraría o asesinaría. A lo mejor, algunos se dan cuenta apenas de que los migrantes cruzaron ilegalmente por Chiapas, pero hay que saber que eso ocurre todos los días, nomás que ahora les estamos dando una cobertura mediática que nunca habían tenido. Todos los días sufren abusos y son amenazados. Por eso es que van juntos. Juntos, como quiera, hacen más complicado los abusos a los delincuentes.

No vienen a hacer shopping, no vienen de paseo. Creer que vienen a robarnos, a violar a las mujeres, a cometer delitos, es ponerle un altavoz al Trump que desde el interior de muchos grita: “Los migrantes son narcotraficantes, son delincuentes, son violadores, hay que tenerles miedo y rechazarlos”. Maremos de pamar. Aunque lo neguemos, los mexicanos somos racistas, clasistas, discriminadores y solemos ser peores que el xenófobo presidente de los Estados Unidos de América —no todos, claro, pero son más de los que creemos—. Así lo demostramos con nuestros comentarios y actitudes xenófobas en redes sociales. Afortunadamente, somos más los que empatizamos con ellos, según la más reciente encuesta en De las Heras Demotecnia sobre el tema (chéquenla en bit.ly/2yZApid): más de la mitad cree que debemos darles paso libre, 72% cree que no debe haber un muro entre México y Guatemala, pero hay un 21% al que le gustaría que lo construyéramos.

Decir que todos los chilangos somos así de ojetes sería una mentira. No todos tuitean “Si quieres migrantes, llévate unos 25 a tu casa”, “A ver, adopta uno”, “Son ratas, no los dejen entrar”, “Si no podemos con los pobres de México, para qué aceptamos a más jodidos” y, por el contrario, muchos han decidido donarles ropa, alimentarlos, darles un apapacho y desearles buena suerte.

Afortunadamente, la Caravana Migrante a su paso por Chiapas, Oaxaca y Puebla ha encontrado comunidades que los alimentan y les prestan cobijas, otras que les regalan ropa y otras que les dan medicinas. Sí, la secretaria de Salud de Chiapas los fumigó, porque también lleva un Trump dentro, pero hubo tráileres que les dieron aventón y muchos, muchos particulares que los invitaron a subir a sus coches.

¿Tú, cómo estás ayudando a los migrantes?