La “Comunidad”

Antes todos la conocíamos como la Correccional, luego fue el Tutelar para menores; ahora se llama Comunidad para el Desarrollo de Adolescentes. Lo cierto es que aunque le pongan “Gymboree para Chavitos Alternativos” no deja de ser prisión, como dirían los Tigres del Norte.

No vayan a pensar que caí ahí por algún delito puesto que ya no tengo edad para ser recluido ahí, aunque podría demostrar cabalmente que vivo una segunda adolescencia. Mi target, más bien, es el Torito, que “nunca he visitado y no lo volveré a hacer” y, si cometiera alguna estupidez mayor, tendría que cortar margaritas en el jardín de los ceferesos.

Estaba en la Comunidad de Adolescentes de San Fernando por invitación de la Secretaría de Cultura de la CDMX para participar en el inicio de la semana de la lectura. También estaba la escritora Sandra Lorenzano, el secretario Eduardo Vázquez Martín y algunas autoridades de la “Comunidad”.

Siempre es rudo entrar a una cárcel, se llame como se llame. La libertad que nadie valora porque la tenemos y ni siquiera somos conscientes de ello es un bien mayor que se pierde, y pocas cosas hay más tristes que ver ahí a jóvenes de la edad de mis hijos y sus amigos pagando por los errores y delitos cometidos.

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Cuando salgan de ahí volverán a sus barrios y nada habrá cambiado. Seguirá la miseria, la violencia y la venta de drogas como forma de ascenso social. Muchos piensan que podrán acceder a “la grande” (meterse al crimen organizado) y muy pocos, en cambiar un camino que parece predeterminado.

Y de pronto estamos ahí, unas señoras y señores hablándoles de libros y de la transformación personal y de la belleza de la palabras, y pareciera que esos jóvenes ya se fugaron y sólo dejaron un cascarón simulando estar ahí, pero de pronto también, mientras Sandra termina de leer el cuento Rubén, de Luis Britto, veo cómo a un joven se le abren los ojos enormes y su rostro adolescente sufre una sutil transformación.

¿Terminará ese joven leyendo un libro algún día? ¿Le ayudará a ser una mejor persona? ¿Logrará salir del “destino manifiesto” que este país le tiene reservado a sus jóvenes en las cárceles y las fosas comunes del territorio nacional? Más nos vale pensar que así sea, más nos vale pecar de ingenuos pensando que el tiempo que estén ahí, en ese lugar que ha cambiado más de nombre que de forma, pueda servir para sembrar en ellos algo que si bien no cambiará el mundo al que regresarán cuando obtengan su libertad, sí cambiará la manera en que lo miren.

¡Un saludo a la banda de la “Comunidad de Adolescentes de San Fernando”! Espero verlos afuera pronto, libres no solo de la condena penal, libres también del destino que esta sociedad les impone para confinarlos al encierro o a la muerte.

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Músico, poeta y loco, alter ego de Monocordio, conductor del programa "El Weso" y autor de "El Diccionario del Caos".