Las estirpes de la X

Hay letras con personalidad propia y la x es una de mis favoritas. Representa, sin ir más lejos, la identidad de los mexicanos independizados de España, y nuestro trabajo nos ha costado conseguir que los demás países dejen de escribir “Méjico”. Muchas palabras como jitomate o chocolate llevan una x en sus entrañas, es decir contienen el sonido del náhuatl, la lengua original de estas tierras, de la misma manera en que la Catedral escondió durante siglos las ruinas el Templo Mayor.

Pero la x no sólo representa la rebeldía en nuestro país. En Turquía, por ejemplo, está prohibido utilizarla. Dado que en turco no existe, simboliza la existencia de una nación indeseada: la kurda. Al menos 20% de la población de Turquía, entre 15 y 20 millones, es de origen kurdo y, sin embargo, hasta los años 90 tenían prohibido hablar su lengua en público. Hasta el 2003 las letras q, w, y x fueron ilegales en Turquía pues, al igual que el sonido “sh” en México, eran portadoras de una cultura, y quien se atreviera a escribirlas debía pagar multas muy altas. En el 2013 estas letras se autorizaron por fin en el alfabeto turco. Hasta la fecha en Turquía se sigue escribiendo “taksi” en vez del internacional “taxi”.

En su autobiografía Malcolm X explicó que la letra final de su nombre simbolizaba su verdadero apellido, el africano, que nunca conoció. “Para mí, esa ‘X’ remplazaba el nombre del amo blanco que tuvo mi familia cuando fue esclava, el ‘Little’ que algún demonio de ojos azules le impuso a mis antepasados.”

Durante los 400 años que duró la esclavitud en América, los negros del continente olvidaron su verdadera identidad.
En teoría los negros de América pertenecen a la tribu perdida de Shabazz, secuestrada de África y traída a nuestro continente para ser esclavizada. Los miembros de la Nación Islámica, a la que también perteneció Muhammad Ali, aceptaron esta creencia y adoptaron la x, el signo matemático de la incógnita, de lo desconocido para honrar su origen.

Pero la x también representa otras resistencias. Las mujeres, por ejemplo, tenemos el doble cromosoma X, lo cual me parece una metáfora involuntaria y al mismo tiempo conmovedora de nuestra condición histórica y de la lucha feminista que en definitiva aún no ha terminado.

A pesar de los exabruptos que causa en quienes no la comprenden, la x siempre consigue exhumarse y hacerse presente. Aparece en palabras clave como “extrañeza”, “extravagancia”, “excavar”, “exquisito”. Como los exiliados, como los pueblos en peligro de extinción, la x es una sobreviviente.