La ensordecedora Batalla de Puebla en el Peñón de los Baños

Tamara de Anda escribe hoy sobre una representación de la batalla del 5 de mayo en la CDMX

Mientras los gringos creen que el 5 de mayo es la fiesta mexicana más importante, aquí en la CDMX es una fecha que pasa sin pena ni gloria (¡ni siquiera dan el día en la oficina!). Excepto en la colonia Peñón de los Baños, donde desde principios del siglo XX se realiza una representación de la Batalla de Puebla de 1862, en la que las tropas de Ignacio Zaragoza derrotaron al ejército francés de Napoléon III.

La celebración cuenta con permisos oficiales y respaldo de la delegación Venustiano Carranza. A pesar de que las calles están llenas de carteles que invitan a los vecinos a no utilizar explosivos ni beber en la vía pública, el alcohol y los cuetes abundan desde temprano. Tanto los que van vestidos de franceses como los que encarnan al heroico batallón de zacapoaxtlas (quienes se pintan la cara de negro, un gesto que Conapred no aprobaría) desfilan y bailan por las calles acompañados de orquestas itinerantes. Hay gente de todas las edades, desde los octagenarios que han participado en la batalla desde que tienen memoria, hasta bebés miniatura que no se espantan con el ruido.

En algún momento, la congregación pasa frente a la Terminal 1 del Aeropuerto, detonando cohetones y haciendo tronar sus rifles de pólvora. Uno que otro turista mira la escena boquiabierto mientras espera su taxi.

Después, el desfile se detiene en el Parque del Niño Quemado, lo cual no suena como un buen augurio con tantas explosiones alrededor. (Vale la pena aclarar que la plaza tiene ese nombre por un incidente no relacionado con las celebraciones del 5 de mayo, ¡fiuf!). Aquí algunos aprovechan para descansar y echarse un tentempié, o mascar de las patas de pollo que llevan como parte del traje.

Ya bien entrada la tarde, los dos ejércitos suben al peñón, donde se lleva a cabo la batalla final. Se arman los trancazos simulados (aunque a veces se les pasa la mano), hay más “pum pum pum” y al mero final se “fusila” a los franceses.

Para ese momento uno ya está exhausto y con los oídos zumbando, pero vale la pena quedarse hasta el momento más emocionante y decir que tú sí celebras el 5 de mayo.

Fotos: Tamara de Anda

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.