Lo que queda de un gran cine

Después del terremoto del 19 de septiembre del año pasado el pánico cundió entre los habitantes de la San Rafael. A pesar de que la colonia ni había sufrido pérdidas significativas, empezó a propagarse el rumor de que el Cine Ópera estaba a punto de caerse. Se cerraron calles y se hizo una campaña ciudadana para exigir su demolición. Mientras tanto, los amantes del patrimonio chilango estaban con el Jesús en la boca: “¿Cómo que querían tirar esta joya del art déco tardío?”.

Al final no se comprobaron los supuestos daños estructurales. La versión de un vecino historiador del arte es que, para variar, los malvados especuladores inmobiliarios eran autores del chisme porque seguramente ya imaginaban una torre de departamentos “de lujo” o un centro comercial (¡otro!) en esta privilegiada locación, quizá hasta conservando la fachada de Félix T. Nuncio, con sus espectaculares esculturas y, en una de esas, la brillante marquesina que alguna vez anunció los estrenos de la época.

Lo que sí es innegable es el deterioro que ha sufrido el inmueble, ¡y qué rabia! Inaugurado en 1949, operó como lujosa sala de exhibición. En los noventa, ya en decadencia y ante la poca afluencia de público, se convirtió en sala de conciertos de rock y música alternativa.

Existe la creencia de que el acabose fue el concierto de Bauhaus, en octubre de 1998, durante el que ocurrió un portazo y, cuenta le leyenda, hubo guerra de tacos al pastor. Pero es mentira: en los siguientes años se siguió usando para tocadas de bandas como Human Drama, A.N.I.M.A.L. o Sekta Core. Para el nuevo milenio sí cerró y a partir de entonces las noticias del edificio eran esporádicas. En 2010 todavía se usó para un evento de cine de terror organizado por Canana y poco después la banda Disco Ruido grabó un video ahí. Se volvió la locación favorita para hacer sesiones de fotos entre la hipsteriza de la Roma-Condesa. El músico inglés Michael Nyman hasta hizo una exposición al respecto en el Museo del Chopo. Y cuenta una exploradora urbana que, por aquel entonces, había un cuidador trácala que no solo te dejaba entrar a cambio de una lanita, sino que te vendía las butacas antiguas bara-bara.

Esos tiempos se acabaron y ahora el guardia te dice que no y que no. Drones que han sobrevolado el inmueble revelan que el techo se venció, nomás hay un hoyo, y por lo tanto sí es peligroso entrar. ¿Pero qué necesidad de dejar que las maravillas arquitectónicas se desmoronen poco a poco? Pásenle esta nota a la próxima administración para que rescate el Cine Ópera, porfi. Por cierto, está en Serapio Rendón 9, casi esquina Ribera de San Cosme, en la San Rafael.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.