El chilango que cuida de Tláloc

Él es el encargado de darle una “manita de gato” a las piezas arqueológicas más emblemáticas de nuestro país.

Sergio González García es uno de los restauradores más importantes de México. Aunque en su juventud estudió la carrera de Ciencias Políticas en la UNAM, luego se fue a la Escuela Nacional de Música, y hasta los 30 años de edad entró a la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía en el ENCRyM, ha entendido que “el problema con la escuela es que es muy teórica, y aunque hay restauradores enfocados a la investigación, en un museo como el de Antropología, tu prioridad es tratar directamente con las colecciones arqueológicas y etnográficas”.

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En 2009 se tituló como restaurador y entró a trabajar al Museo Nacional de Antropología, donde se desempeñó durante ocho años como Coordinador del Laboratorio de Conservación. Su tesis de licenciatura fue uno de sus primeros trabajos grandes, el cual se ha ido implementando de forma paulatina: se trata de adaptar las vitrinas de museo para que éstas tuvieran las condiciones propicias donde las piezas pudieran conservarse. “En el diseño original del museo, las vitrinas tenían aberturas muy grandes entre los vidrios y muchas entradas de aire. En las vitrinas se metían insectos y polvo, por lo que había que abrirlas continuamente para limpiar las piezas”.

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TLÁLOC

Uno de los proyectos importantes en la carrera de Sergio ha sido la restauración de la efigie de una de las divinidades más famosas de Mesoamérica el Tláloc de Coatlinchán, trabajo que él coordina desde 2011 a la actualidad. “No había sido limpiada en más o menos 50 años, y tenía líquenes, algas y nidos de insectos. La piedra tenía poros muy grandes y huecos de manufactura que se llenaban de agua en épocas de lluvia. Cuando el agua entra en contacto con la piedra, la deteriora porque cataliza las reacciones químicas de los contaminantes y el cloruro disuelto en el agua (en este caso, el agua de la fuente de Tláloc). Se trata de una situación delicada, ya que hay casos en los que el contacto del agua crea tensiones físicas que pueden llegar a romper la piedra. Por esta razón, se bajó el nivel del agua de la fuente”.

“Durante un año se trabajó en la restauración. Esta semana vamos a instalar un inclinómeto (un aparato desarrollado por la UNAM) con el cual sabremos si la pieza se está inclinando y es necesario cimentarla. No sería raro, puesto que el Tláloc pesa unas 170 toneladas y fue colocado sobre una base de concreto de la cual desconocemos si tiene cimentación, además de que el paso de los vehículos y los temblores han podido producir algún efecto”.

COMISARIO

Sergio también ha sido comisario en exposiciones nacionales e internacionales para el traslado, dictaminación, montaje y desmontaje de piezas, un trabajo que le ha permitido viajar a las principales ciudades del mundo. Este trabajo consiste en un análisis y protocolo muy cuidado que garantiza el buen estado de las piezas durante su viaje a otros países, así como en el montaje de exposiciones.

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