El futuro es un precipicio

Miramos lo que está detrás del escenario, el behind the scenes teatral donde tienen lugar los procesos de creación individuales y grupales; las discusiones, las peleas, temores y hasta chismes de una nueva generación de actores. El precipicio es salir al escenario y mostrar el trabajo de meses en una o dos horas de función. La caída libre es el vértigo que produce el estar en un ‘aquí’ y ‘ahora’ delante del público, la crítica o los padres que nunca aprobaron la carrera de artes. El vértigo es el futuro.

Mirando al precipicio por encima de mi hombro es la obra con la que 13 actores concluyen su licenciatura en actuación del Centro Universitario de Teatro. Con la dirección y dramaturgia de David Gaitán —una figura emblemática de su propia generación—, esta obra es su primer impulso hacia la vida profesional. Después de haber estado encerrados durante cuatro años, ahora es momento de salir hacia ese mundo en el que es difícil vislumbrar un futuro acogedor.

La obra está llena de ejercicios metateatrales que, si bien son interesantes, pueden resultar tediosos tras la reiteración: vemos los ensayos para crear “la mejor obra del mundo”, recreaciones de sus clases y también las disputas internas del grupo que, después de compartir tanto física y emocionalmente, se conoce como la palma de su mano. En otro momento se rompe con el tiempo y el espacio de ficción para que el público recorra los pasillos, los salones y los camerinos por los que, justamente, tantas veces han transitado los actores. Ahí vemos otro momento de supuesta intimidad: el temor vertido en una bocanada.

Nací en los 90. Los temores expresados en el escenario también son los míos. ¿Vale la pena encerrarse cuatro años para una carrera? Esta generación parece decir que sí: Saltemos al precipicio.