De escritor a escritor, José Manuel recomienda a David Toscana

 

En Icamole, un pueblo donde la sequía poco a poco va acabando con todo, aparece el cadáver de una niña en el pozo de Remigio. Éste acude con Lucio, su padre, para que le diga qué debe hacer; Lucio le recomienda que entierre a la niña entre las raíces de un aguacate porque así lo leyó en un libro. El padre, bibliotecario y el último lector del pueblo, pasa sus días leyendo y clasificando libros en buenos y malos. Los primeros pueden afectar la realidad; mientras que los segundos son devorados por cucarachas. Es así como Lucio encuentra la solución del crimen. Esto provoca que Melquisedec, el carretero que lleva agua a Icamole, sea acusado del asesinato sin más prueba que una novela, en la que un personaje parecido a él era criminal. Lucio se convierte en un juez implacable de los libros que prefieren los finales felices, que persiguen lo banal y lo desabrido, y que evitan la tragedia. De qué sirve que un libro se pueda leer al derecho y al revés si de las dos formas es igual de aburrido, dice el bibliotecario cuando lee un libro que bien podría ser RayuelaEl último lector es, como todas las grandes novelas, una poética llena de momentos y de personajes entrañables.

José Manuel Ríos Guerra
@unamita1980
Ganador del Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay 2015 por el libro Yo no me llamo Manuel.

9786071110305El último lector
David Toscana
Alfaguara (2007) / Físico $160 / Digital $ 129