Gatitos Tlatelolco: al rescate de los felinos sin hogar

En Tlatelolco hay un grupo de amigas que captura, esteriliza, vacuna y regresa a los gatitos que no han tenido contacto con seres humanos

La sobrepoblación de gatos ferales —los cuales nacen de forma silvestre, nunca han tenido contacto con el hombre y no son aptos para adopción— ha sido un problema desatendido por la mayoría de los habitantes de las tres secciones de Tlatelolco y sus inmediaciones. Mientras que no hayan sido esterilizados, los gatos callejeros son vulnerables y representan, a la vez, una amenaza, por lo que habitualmente mueren por envenenamiento o no sobreviven a las inclemencias del clima y las peleas con perros callejeros o domésticos.

En 2009, un grupo de cinco amigas, amantes de los animales, empezó a ayudar —donándole croquetas e hígados de pollo— a una vecina que alimentaba a los gatos y lograba que estos se acercaran. “Sin embargo, la solución no era solo darles de comer, sino esterilizarlos. Al principio, los atrapábamos como podíamos y no sabíamos que había trampas especiales para no lastimarlos. Tampoco sabíamos que lo que estábamos haciendo se llama TNR (las siglas en inglés de “trap-neuter-return” o “capturar, esterilizar y regresar” en español). Al poco tiempo, conocimos a la asociación civil Gatos Pingo y nos enteramos de que ellos implementaban esta técnica: ellos tienen el equipo, la experiencia necesaria y un veterinario especial. Con su ayuda, pudimos avanzar más rápido. En un año, por ejemplo, solo esterilizamos y vacunamos a 25 gatos, mientras que trabajando juntos pudimos rescatar a 27 en un solo día”, cuenta Angélica García, una de las fundadoras de Gatitos Tlatelolco, al relatar la historia de cómo nació este grupo.

“Existen tres tipos de gatos: los domésticos, los ferales y los de la calle (estas clasificaciones se determinan por su convivencia con el ser humano). Por lo común, los de la calle fueron abandonados, mientras que los ferales nunca se te van a acercar y son muy huraños. Nuestra labor se diferencia de la de otros albergues porque cuidamos de los gatos ferales. En muchos lugares solo reciben a los domésticos, aquellos que las personas ya no quieren. Casi nadie cuida de los ferales, es como si fueran invisibles. Desde que iniciamos en Gatitos Tlatelolco hemos rescatado a 450 y dado en adopción a un promedio de 350. Muchos de los gatos que rescatamos han sido atropellados o mordidos y no logramos salvarlos”.

“Nuestra mayor gratificación es ver que están saludables y ya no se reproducirán. Era doloroso ver cómo los vecinos se organizaban para envenenarlos o hablaban a Protección Civil para decir que le pasaban las pulgas a los niños. Nos dimos a la tarea de ir a las escuelas públicas y ofrecer charlas de concientización. Cambiar la mentalidad de la gente ha sido otra de las partes difíciles de nuestro trabajo. Hay muchos mitos: desde ciertos errores sobre el contagio del toxoplasma, hasta que son traicioneros o le roban el alma a las personas. Parte de nuestro trabajo es fomentar la empatía y derribar los prejuicios hacia una especie muy amorosa”, finaliza Angélica.

Si quieres información o te interesa ayudar, visita: gatitostlatelolco.com.

Fotos: Lulú Urdapilleta