Ir con el doctor o de cómo me hubiera muerto de chiquito

Ya te decidiste a hacerte un check-up, ¡bien! Ahora te enfrentarás con estas cosas típicas de los médicos chilangos.

la hora
La hora
Si te citan puntualmente, ¿por qué te pasan 30 minutos o hasta una hora después? A veces se cuelgan con el paciente anterior, va, no hay tos, pero generalmente no hay nadie y nomas se hacen los interesantes.

la revista
Las revistas
Mire doc, yo sé que a ustedes le apasiona mucho su materia, ¿pero por qué sólo tiene en su sala de espera ejemplares de “Mundo médico” con fotos de batasblancas en congresos?

la puerta
La puerta misteriosa
Hay pacientes que entran a consulta y nunca más los vuelves a ver. Es como portal a otra dimensión. Urge que Stephen King escriba un cuento al respecto.

la música
La música
El soundtrack de los consultorios va un paso más allá de los playlists de elevadores y supermercados. Esas versiones en saxofón y pianito de las rolas de Universal Estéreo parecen parte de un sketch cómico.

la letra
La letra
Sí, es el cliché más grande, pero es real. ¿Qué onda con la caligrafía de los médicos? ¿Llevan una materia de “Escritura ininteligible I, II y III” en la carrera? ¡¿Y por qué que no hacen las recetas en la computadora?!

organito
Los organitos
Hay médicos que ejercen una condescencia insoportable hacia sus pacientes, entonces “suavizan” su información con diminutivos: “su piernita”, “sus huesitos”, “sus riñoncitos”. Ay, qué higaditos.

la comida
La comida
#NotAllDoctores, pero luego te encuentras a tu médico echando carnitas fritas en aceite negro, acompañadas por refresco “normal” y zampándose una dona de postre, y con las manos aún grasosas te escriben tu dieta a base de lechuga.

la cuenta
La cuenta
Hay médicos bien mañosos que parecen aerolínea de bajo costo y todo te lo cobran aparte: que si el lavado de oído, que si la radiografía, que si el algodoncito. Terminas pagando el doble de lo que habías calculado… ¡y lo peor es cuando no aceptan tarjeta!

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.