La fuga de James Rhodes

James Rhodes
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Tras sorprender al mundo con Instrumental, y luego de Tocar el piano, una introducción a la música clásica; el pianista inglés, James Rhodes, vuelve con Fugas, donde habla de su lucha contra la locura

Instrumental es una triada de libros: educación musical para no especialistas, la narración de una historia dolorosa y de renacimiento, y una especie de guía para la superación de graves problemas emocionales. Después de tan exhaustivo trabajo, ¿qué sigue para ti en la escritura?

Puede verse así, es cierto. Y qué bueno si mi experiencia ayuda como guía a alguien más. En el segundo, Tocar el piano, trato de acercar a la gente a su lado musical. Pienso que todo el mundo que tenga dos manos puede tocar a Bach en seis semanas con un teclado de 30 dólares. El siguiente libro, Fugas, es una especie de continuación de Instrumental, aunque es más acerca de la música, las giras y lidiar con las cosas locas que suceden cuando estás rodeado de tanta gente.

Has dicho que la música para ti ha sido curativa, en este sentido, ¿qué papel ha jugado en tu vida la escritura?

No ha sido tan sanadora como la música, pero ha traído un balance a mi vida. Puedo pasar cuatro horas tocando el piano y después otras cuatro horas escribiendo, pienso que cualquier actividad creativa ayuda a curar la mente: pintar, cocinar, tomar fotos, aprender a bailar tango.

¿Cuál fue el primer objetivo para escribir Instrumental? ¿Tu proyecto de sacar la música clásica de las élites o contar tu historia?

-Ambas cosas. Quería escribir una carta de amor dirigida a la música, también una carta de amor para mi hijo y además quería hablar de la mierda que hay en la industria de la música. Pienso que es importante hablar de las cosas que cuesta trabajo mencionar, pero necesitamos hacerlo: suicidio, enfermedades mentales, violaciones, depresión.

¿Crees que hay una relación necesaria entre el arte y sufrimiento?

No, yo creo que el arte está relacionado con la vida. En realidad todos estamos locos y no por eso todos son creadores, un artista crea a pesar de la locura, no por la locura.

¿Cómo ayudó revivir momentos tan dolorosos al escribir?

Fue catártico. Y también fue horrible. Escribía sin parar, pasaba toda la noche escribiendo y fumando. Lo hacía tan rápido como podía porque no me gustaba hablar de eso, pero no quería dejar de escribirlo. Me pareció importante enfrentar estos temas y que mi experiencia pudiera servir a alguien más, aunque fuera difícil sacarlo, fue un proceso duro.

En el inicio de Instrumental cuentas un poco de la vida del pianista canadiense Glenn Gould, ¿se trata de una influencia muy importante para ti?

Me encanta, fue mi primer héroe y también el primero en romper las reglas de cómo debe ser un pianista. Si escuchas cómo toca las variaciones Goldberg, sabrás por qué digo que es impresionante, son piezas de las que escuchas 100 grabaciones con intérpretes distintos y todas suenan igual, pero si escuchas ocho compases de la misma pieza tocados por Glenn Gould, podrás reconocer la diferencia. ¿Cuántos pianistas de música clásica han sido entrevistados por la revista Rolling Stone o han salido en Los Simpson, o en el cine, como El silencio de los inocentes?

Volviendo a tu libro Tocar el piano, ¿cómo puedes asegurar que cualquiera que tenga paciencia puede tocar una pieza de Bach?

¡Sí, absolutamente!, es un libro divertido porque no te va a enseñar a tocar una pieza de Rachmaninov, pero sí te ayudará a escucharlo mejor. Puedo asegurar que en seis semanas tocarás una hermosa pieza de Bach, puedes aprender a leer muy rápido, a usar los dedos, los pedales, sin necesidad de aprender a solfear.

¿Es necesario tener un talento particular para ejecutar semejantes piezas?

Todos somos musicales. Hay personas que se declaran “no musicales”, pero no es verdad. Si le pones música a los bebés se entusiasman, el problema aparece cuando creces y te ves obligado a madurar, aumenta el número de responsabilidades que tienes, el pago de impuestos, las relaciones espantosas, el tráfico, el estrés, todo eso que te distrae y hace que pierdas interés en tu lado musical, pero está ahí, y puedes despertarlo en cualquier momento.

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