Fotos: Rodolfo Zacarías / Cortesía

Nuestras historias visibles

Ciudad

Dentro de la sigla LGBTTTQIA+, cada letra representa distintas formas de ser, de desear, de sentir y de autopercibirse. Aquí distintas personas de la diversidad sexual hablan sobre el orgullo

Terry Holiday 

65 años | Cuauhtémoc | Artista | IG: @terrylaholiday

El orgullo en estos días está un poco devaluado porque las actuales generaciones ya dan todo por hecho. Nada les cuesta trabajo, lo difícil ya se hizo.

El orgullo no les inflama el pecho ni les hace irradiar luz y poder. Se ha vuelto una costumbre, una temporada del año, hasta hace poco acompañada de música y desfile, cuando en realidad debe ser una forma de vida.  Despertar con orgullo, trabajar con orgullo, realizar nuestras actividades cotidianas con orgullo. Llevar la frente muy en alto, y avanzar con decisión y aplomo: SER CON ORGULLO, sin importar bajo qué letra nos quieran acomodar.

Bru Langlet 

27 años | Benito Juárez | Editore e ilustradore | IG: @pezecitx 

Hoy puedo decir que soy una persona que habita su género desde la negación, desde el rechazo a la semilla que supuestamente nació, se marchitó y murió (solo lo necesario) para que pueda hoy respirar sin el peso del género sobre mis hombros. Triste y punzante, feliz y ansiose en la cuerpita que usa mi corazón para existir en este mundo de pandemias, balazos, transfeminicidios, amistad y abrazos colectivxs.

Hoy no estoy orgullosx sino vulnerable, atravesadx por la violencia que mata, pero también por las violencias más pequeñas que en su invisibilidad nos cortan las alas a quienes siempre nos hemos sabido mariposas. 

Láurel Miranda 

31 años | Coyoacán | Periodista y generadora de contenido | @laurelyeye

Hubo un tiempo no muy lejano en la CDMX en que declararse abiertamente trans era una sentencia de exilio: del seno familiar, de la educación pública, del trabajo formal. Que hoy yo pueda ser una mujer trans de forma pública, contar con el apoyo de mi familia, mis amigues y con un trabajo en el que me respetan y sea capaz de desarrollarme profesionalmente es básicamente todo aquello que no pensé que ocurriría tras salir del clóset. Por mínimo que esto pueda parecer a los ojos de personas cisgénero, que podrían apreciar estas situaciones como las básicas de una vida normal, lo cierto es que para mí, una chilanga transgénero, la forma en que hoy vivo es todo un motivo para sentirme orgullosa.