Pan de muerto en septiembre

En la panadería más cerca de casa, la oficina, la escuela, o el café donde nos sentamos a freelancear, hay muchas bellezas: bollitos rellenos de queso, orejitas, trenzas de chocolate y una delicia sin par: pan de muerto, con su bello domo azucarado que nos guiña sus ojitos invisibles a los antojadizos.

Es septiembre, ya podemos hablar de pan de muerto. En realidad hemos estado hablando de pan de muerto desde agosto y podemos hablar de pan de muerto cuando se nos hinche la gana. Superama y La Esperanza lo saben, aunque los opinadores de redes sociales y de la vida no están de acuerdo. Se sorprenden y hasta se ofenden porque “todavía no hemos dado el grito y ya hay pan de muerto”, porque “las tradiciones están muriendo por culpa del maldito capitalismo”, porque “han arruinado la esencia cultural e histórica del pan d…”.

Eeequiiis.

Nos llamarán traidores a la patria y sus tradiciones, pero el placer mata todo. El sabor mata efeméride. Lo que de verdad importa es quién se queda la cabecita, qué tan rico y esponjoso está y en qué momento lo comemos: solos caminando por las calles recién llovidas, en la oficina compartiendo con el colega o en casa con la familia y chocolatito. Si los panaderos nos quieren vender pan de muerto en septiembre, bienvenidos. Lo vamos a comprar y lo vamos a comer, felices.

Ya hay en el súper y un par de panaderías. Hay el normal, el de nuez, el relleno de crema pastelera, el coronado con conejito de chocolate y el mantemuerto (mantecada + pan de muerto). Cuando la temporada llegue a su apogeo habrá más variedad. Con ansia espero que Pastelería Amado (Campos Elíseos 204, Col. Polanco Chapultepec) se una pronto al club de los irreverentes con su pan mantequilloso, aromático, de masa inflada, suavecita, liviana, lista para ser chopeada en leche, café —o whisky como Luisito Rey—. ¡Cuando salga, avisen! ¡Pido la cabecita!