Seres extraños invaden Bellas Artes

Cultura

Los híbridos son seres misteriosos. Un híbrido es alguien (o algo) transformado, fusionado: una excepción de la naturaleza o un progreso de la ciencia: un animal, un vegetal, un ser fantástico o un posthumano. No existe una definición objetiva, por eso es enigmático su concepto, toda vez que podemos encontrar hibridación desde las culturas milenarias —pensemos en la esfinge o en los ídolos precolombinos— hasta el arte contemporáneo, como Orlan, quien hizo un híbrido de su propio cuerpo en la búsqueda de su propia expresión.

Si en Europa las mitologías tienen sirenas, medusas, centauros o pegasos, en nuestra cultura está la serpiente emplumada o la madre águila. “La temática del híbrido es fascinante, ya que descubrimos que, en civilizaciones tan antiguas, y en zonas geográficas lejanas, como la mexicana y la europea, los híbridos son tratados de la misma manera”, nos dice Tatyana Frank, directora del Musée de l’Elysée, de Suiza.

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Mientras que los híbridos del siglo XXI se encuentran presentes como hombres-máquina, cíborgs o monstruos. Así lo demuestran las paredes del Museo del Palacio de Bellas Artes con 97 piezas de las cuales 30 provienen de museos como el Louvre, Centre Pompidou, Museo Reina Sofía y Galleria degli Uffizi.

Entre las obras que componen la exposición, destacan La adoración del becerro, de Francis Picabia; Dos figuras con un mono, de Francis Bacon; Satyre, de Joel Peter Witkin; El candidato Loughton, de Matthew Barney; ¿De qué mal morirá?, de Francisco de Goya; La tentación de San Antonio, de Diego Rivera; así como Self-Hibridation, de Orlan.

La exposición “Híbridos. El cuerpo como imaginario”, permanecerá abierta al público hasta el 27 de mayo. Corre a verla al Museo del Palacio de Bellas Artes, ubicado en la esquina que forman el Eje Central y Avenida Juárez.


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