A conocer la historia del graffiti en México

Con testimonios, mapas, proyecciones y espacios lúdicos, la muestra “Ilegal” repasa desde los orígenes del graffiti como una práctica de chicanos y pachucos hasta su llegada a la ciudad en los 90

El graffiti le da voz a quienes no la tienen. Es una herramienta, un arma de identidad para apropiarse del espacio público. Ha existido desde hace siglos con la forma de las pintas callejeras: fue una protesta en la antigua Pompeya contra los malos gobiernos, pero no se acercó ni un poco a lo que hoy conforma la cultura del graffiti, e incluso tuvo antecedentes en nuestro territorio tras la Revolución.

“Al platicar con los viejos pachucos, quienes rayaban las calles entre las décadas del 20 y del 40, supimos que su escritura en paredes tuvo un tono social y territorial, de pueblo, sangre y cultura”, cuenta Pablo Romo, curador de la primera sección de “Ilegal”, muestra que recorre la historia del graffiti en México.

“En Nueva York, quienes comenzaron a pintar graffiti fueron los latinos. Los cholos se expresaban y se rebelaban de forma escrita; era su manera de marcar territorio y raza durante los años 20”, continúa Romo.

“En ese entonces no se le llamaba graffiti, se le conocía solo como cultura chola o chicana. Fue hasta los 70 que la prensa describió este fenómeno en los trenes de Nueva York; desde entonces todo lo que fuera escritura en paredes empezó a ser llamado graffiti”.

Lo anterior se explora al inicio de la exposición, cuyo texto introductorio precede a un mapa de la República sobre los momentos clave de la cultura del graffiti, “una ruta sobre sus primeros avistamientos en los estados fronterizos y su avance hasta llegar a la capital”.

En las secciones sucesivas se describen los tres procedimientos del graffiti: tag (firma), bomba (caligrafía con volumen) y pieza (una elaboración compleja que abarca dimensiones, luces, sombras y personajes). Le siguen citas que profundizan en el contexto histórico: de la banda de Los Panchitos, que marcaba territorialmente las calles, a la llegada del Earth Crew en 1991.

Más adelante también se puede ver el trabajo de figuras fundamentales como Bice, Siler, Ades, Siko, Tache, Afri, Zombra, Defek, Motick, Zreo, Dye y particularmente Mosco, quien empezó a pintar hace 25 años y es uno de los pioneros de la cultura del graffiti tal y como es conocida en la Ciudad de México.

Sin embargo, el desarrollo del fenómeno en nuestro país va más allá de enlistar a las primeras firmas: si en los orígenes neoyorquinos del graffiti la cultura latina tuvo un papel intrínseco, su llegada e infiltración hasta el centro de México fue paulatina y tardó algunas décadas en concretarse.

“El graffiti surgió como una herramienta de identidad. Así sucedió en Nueva York, y así en la Ciudad de México, donde se manifestaron ciertos intereses de identidad nacional. Es por eso por lo que, en algún momento, se pintaron guiños prehispánicos o símbolos patrios como el águila. El graffiti es una herramienta que manifiesta la existencia y la permanencia de alguien”.

Una muestra activa

El recorrido de “Ilegal” no se enfoca solamente en aspectos sociales e históricos, sino que también es inmersivo: deja una huella en la experiencia del público. El espectador, por ejemplo, pasea a través de emulaciones de calles y muros que fueron pintados por los pilares del graffiti. En el centro de este tramo también hay un vehículo, un camión, que fue intervenido.

En los siguientes tramos hay un videomapping dedicado a Motick, tres proyecciones de trabajos que abordan al graffiti como una acto nocturno y clandestino, una zona de murales y la exposición testimonial de personas que llevan una doble vida (se pueden ver fotos de oficinistas que dedican su tiempo libre al graffiti, o de mujeres que dejaron las pintas tras embarazarse, pese a que la adrenalina y el estilo de vida permanecen en ellos como una pulsión).

Hay nociones básicas sobre las que se arroja luz al contrastar cada bloque de la muestra. Las diferencias, por ejemplo, entre el graffiti legal y el street art pueden comprenderse gracias al trabajo de los curadores.

“El street art es una acción contra un orden o un desorden establecido y tiene un motivo social de denuncia y conciencia social”, explica Romo. “Gracias a su traducción literal hoy todo es denominado arte urbano, aunque no sea así. El street art empezó como una actividad clandestina, pero en la actualidad es legal, está pagado y poco tiene de conciencia social, y en el caso de que tenga algún mensaje crítico, este no debería estar supeditado al apoyo de las autoridades”.

Por último, el público puede jugar a hacer sus propios diseños: se trata de pantallas, en la primera sección, y de muros con material para pintar un poco antes del último trayecto de la muestra.

A través de cada uno de sus espacios, “Ilegal” se acerca de forma veraz e íntima a la experiencia de quienes han integrado la cultura del graffiti a su vida.

La muestra puede visitarse en el Foto Museo Cuatro Caminos (Ingenieros Militares 77, Col. Lomas de Sotelo) de martes a domingo, entre las 11:00 y las 18:00. El martes la entrada es libre de 11:00 a 14:30.

El acceso general tiene un costo de $65 y el precio baja a $30 al presentar una credencial vigente de estudiante, maestro o INAPAM. Podrá visitarse hasta enero de 2019.

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(Ciudad de México, 1988) Escritor. @joulipo