Dejar que el cuerpo hable

Dibujante y cofundadora de Pussypedia, María Conejo expone en Vértigo sus exploraciones del cuerpo más recientes, en las que lo ha convertido en gesto, en signo comunicante

María Conejo (Morelos, 1988) ha propuesto el cuerpo femenino como una respuesta ante la violencia que la sociedad ejerce sistemáticamente contra la mujer: cuando no está juzgando el cuerpo, está usándolo como objeto de placer. Su obra hoy abarca muchas más aristas y nos pone a pensar sobre la relación más larga y problemática de nuestras vidas: la de nosotros con nuestro propio cuerpo. Platicamos con ella sobre sus intereses artísticos y su exposición “Lenguaje corporal”, en exhibición en Vértigo Galería (Colima 23, local A, Col. Roma) hasta el 31 de enero.

¿Cómo nació la idea de tu exposición en Vértigo?

Nació de un proyecto del Fonca. En él terminé haciendo una especie de alfabeto. Unas posturas que hice con el cuerpo, de muy abierto a muy cerrado. Y al ponerlo todo junto, de repente vi que parecía un alfabeto. Estuvo reposando varios meses. Después revisé el trabajo de Ulises Carrión y de Mathias Goeritz. En El Eco hay un poema de este último que está hecho con figuras, y nadie sabe qué dice, pero al parecer sí dice algo. Esa idea me encantó. Desde siempre me ha gustado tener códigos secretos, mis propios alfabetos, escribir cosas que solo yo entiendo.

¿Cuál es la razón por la que decidiste tomar el cuerpo femenino como punto de partida de tu obra?

Siento que el cuerpo ha sido una reflexión constante a lo largo de mi vida. Desde que era chiquita y darme cuenta, como a los seis años, de ser insignificante en relación con el universo, pero al mismo tiempo sentir que mi cuerpo es el único vehículo. En una perspectiva más amplia, creo que el tema del cuerpo de las mujeres también ha estado muy controlado y limitado en la historia. En sus representaciones, como la manera en la que lo percibimos. Vivimos en una sociedad muy hipócrita que por un lado te juzga y te culpa por tener un cuerpo y te dice que te tapes, pero al mismo tiempo la pornografía y la forma de mostrar el cuerpo desnudo para satisfacer los deseos de otra persona entonces sí está permitido. Para mí es importante y tiene mucho sentido hablar del cuerpo femenino y tratar de emanciparlo de un montón de cosas psicológicas y culturales que lo afectan.

Te enfocas más en el cuerpo que en los rostros.

Sí, prefiero atribuirle esa gestualidad al cuerpo. Que sea solo el cuerpo el que comunique algo. Además, ponerle rostro es darle una identidad. Implica también ponerle los gestos, las facciones, y que si es blanco, de alguna raza en específico, que si es joven o es vieja… Entonces este personaje que hice del cuerpo sin cabeza me funciona bien en este sentido de que solo es ese concepto, solo del cuerpo y no de una persona específica. Me parece que es más fácil entenderlo.

Eres parte de un movimiento que está peleando por el reconocimiento de los derechos de la mujer. ¿Tu obra refleja esta lucha?

Mis inquietudes sobre el cuerpo siempre las he pensado a lo largo de mi vida. No fue como si yo de chiquita estuviera enterada del feminismo o de esta lucha, sino simplemente son reflexiones a partir de mis propias experiencias. Al tratar de llevarlo a un plano ya no solo personal, me doy cuenta de que sí hay muchísimos puntos de encuentro con otras mujeres y con estas luchas. Yo diría que sí soy feminista.

Cuéntanos tu proceso de trabajo.

Yo vivo para trabajar. Hay diferentes etapas. Meses en los que estoy más tranquila: leo, escribo, recopilo notas. Tengo libretas llenas de cosas. Cuando llega el momento de hacer algún proyecto, reviso mis notas y entonces me pongo a dibujar. Hasta que comienzo a tener más idea de lo que estoy haciendo, empiezo a pensar de qué otras maneras que no sea el dibujo puedo representarla. Puede ser que a partir de mis dibujos use otros materiales, salirme de mi zona de confort. Soy distraída, procuro llegar a mi estudio lo más temprano que pueda, como a las 11, y me quedo a morir, unas 18 horas al día. Hasta he dormido aquí.

¿Crees que es difícil llegar al punto en el que una artista haga lo que quiera y le paguen?

Es muy difícil. Yo no sé cómo le hice. Han sido muchos años de estar dibujando y dibujando, estar en otros trabajos, practicar en tu tiempo libre, dormir poco por hacer lo que me gusta. También sirvió enterarme de que existe un mercado del arte. Una cosa es ser artista y enfocarte en solo hacer arte, pero en realidad ser artista también involucra asumir que esto es un negocio. Que hay público, gente que comprará tus cosas. Descubrir dónde se vende tu trabajo, dónde se exhibe, cuánto cuesta, cómo se va insertando, etcétera. Y también trabajar para consolidarte como artista. No es lo mismo exponer en una casa de la cultura que en Bellas Artes. No es que esté chido ni que yo lo apruebe. Las cosas no deberían tener tanto que ver con el varo siempre, pero de algo tenemos que comer y pagar las rentas.

¿Todo en la expo está a la venta?

Sí. Piezas originales: pinturas, collages, piezas con cartotecnia, documentos con mi código secreto, prints, pines y merch.

Lenguaje corporal
Vértigo Galería
Colima 23, local A, Roma
Hasta el 31 de enero de 2019

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Artículo anteriorEdición impresa: 12/12/2018