Correos se queda en el pasado

Enviar cartas dejó de ser negocio para la institución, que no se ha modernizado para competir en campos como la paquetería.

Desde Varsovia, la capital de Polonia, Cristóbal Rosiles envía cartas cuatro veces al año a sus padres que viven en la Ciudad de México. Aunque sus misivas tardan mes y medio en llegar, dice que prefiere usar este medio a otros porque se trata de una tradición cultivada desde su infancia, cuando su madre solía escribir desde México a sus familiares polacos. Y en Europa, además, enviar correspondencia es un acto de “formalidad”, comenta Cristóbal.

En México, la situación es distinta. Enviar cartas es cada vez menos frecuente, sobre todo en las ciudades, donde esta actividad ha sido desplazada por internet y el uso del correo electrónico.

Más que cartas —cuyo envío ha dejado de ser rentable—, Correos de México ahora mueve estados de cuenta bancarios o facturas, dice Purificación Carpinteyro, quien fue directora de la institución entre 2007 y 2008, durante la presidencia del panista Felipe Calderón (2006-2012).

Frente a ello, advierte, el organismo del gobierno federal enfrenta el desafío de ampliar sus servicios a la paquetería y la mensajería exprés y de confianza, así como el reto de modernizarse, porque actualmente sus tiempos de entrega no son competitivos con los de entes privados.

Noemí Luján, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), campus Xochimilco, explica que esa es justamente la tendencia a nivel mundial. Según Luján, las oficinas postales de los países desarrollados están incursionado en otro tipo de servicios con el objetivo de sobrevivir a la reducción del uso de cartas y al incremento en la utilización de tecnologías.

Cristóbal dice observar este cambio en Varsovia. “La gente hace largas filas en las oficinas postales para enviar sus cartas o usar los múltiples servicios que ofrecen adicionalmente, como pagar cuentas bancarias o enviar paquetes”, platica.

Sin embargo, coinciden Carpinteyro y Luján, en México la modernización del sistema postal parece relegada por falta de inversión y de voluntad política, a pesar de que Correos de México —dependiente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT)— tiene un plan de reforma desde 2013.

En varias ocasiones, Máspormás solicitó entrevista con la directora general de la institución, Elena Tanus Meouchi, pero no obtuvo respuesta.

El peso de la capital

Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) indican que por la capital, centro económico de México, cada año se desplaza 70% de las piezas postales.

Por ejemplo, en 2013 fueron 528.2 millones, que incluyeron cartas, tarjetas, publicaciones periódicas, publicidad y otros impresos. A pesar de ello, la ciudad es una de las entidades con menos oficinas postales: en el año 2000 tenía mil 308 y para 2013 la cantidad bajó a 641.

Esto ubica a la capital en el lugar 18 de 32 en este rubro en todo el país, en contraste con Oaxaca, que ocupa la primera posición y tiene tres mil 875 oficinas postales.

Planes de reforma truncos

Durante su gestión al frente de Correos de México, Carpinteyro propuso algunas medidas para modernizar la institución.

Para las zonas rurales, por ejemplo, planteó convertir las oficinas postales en cafés internet públicos en los que los ciudadanos pudieran enviar correos electrónicos. Según la exfuncionaria —quien fue diputada federal por el PRD entre 2012 y 2015—, esto también permitiría acercar a los ciudadanos a la tecnología y ayudar a reducir la brecha digital.

Al respecto, algunos especialistas coinciden en que la apuesta para las regiones alejadas de los centros urbanos debe ser permitir que ahí se instalen servicios de paquetería, vinculados con el creciente comercio electrónico.

Según la Asociación Mexicana de Internet (Amipci), en la actualidad tres cuartas partes de los internautas hacen compras en línea, principalmente de ropa y accesorios (53%).

“Ahora, por internet hay muchas compras y la utilización de los sistemas postales para el envío de productos es cada vez más frecuente. Sin embargo, debido a las limitaciones que tiene Correos de México, está en desventaja frente a Federal Express o DHL [a pesar de tener una infraestructura instalada superior a la de ellos]”, explica Luján.

Carpinteyro señala que otro de sus planes en Correos de México era introducir tecnologías para agilizar la entrega de paquetes y competir con los entes privados. Sin embargo, estas medidas no se concretaron, ni ha habido cambios ni inversión.

“Fue como haberse pasado dos años componiendo un jet que puede viajar a una velocidad ultrasónica y, justo cuando va a arrancar, no le quieren poner combustible”, dice la exfuncionaria.

Hoy, el presupuesto asignado a Correos de México ronda los cinco mil millones y medio de pesos, la mayoría de los cuales está destinada al pago de nóminas y pensiones. Y, hasta la fecha, no hay recursos etiquetados para modernización tecnológica.

En perspectiva

La Unión Postal Universal tiene cifras de esta actividad en México y el mundo:

  • En promedio, los habitantes de países afiliados a la UPU reciben 73.8 paquetes al año. En contraste, en México el número es apenas 7.32.
  • En la región de América Latina, el promedio de paquetes recibidos por persona al año es de 28.4.
  • De las cifras de la UPU se concluye que México tiene deficiencias en cobertura y penetración postal.

¿Contra una competencia ilegal? 

Correos de México asegura que enfrenta competencia “ilegal” por parte de las empresas de paquetería. El señalamiento lo hizo en octubre de 2013 en su plan de reforma al sistema postal. Según el documento, la institución pública tiene alcance en 29.34% del mercado, pero solamente cuenta con una participación de 14.23% en el valor de éste. En cambio, sostiene, Estafeta, DHL, Multipack/Fedex, Redpack y UPS tienen alcance en 6.6% del mercado, pero las ganancias que generan representan 54.2% de su valor.

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Rafael Montes es reportero de la ciudad desde hace siete años. Apasionado de la movilidad, el urbanismo y el medio ambiente. Ciclista y peatón cotidiano, no tiene auto y sólo de ser muy necesario deja la bici para subirse al Metro o al coche de su novia.