El hombre maratón

Miguel Vargas ha corrido todas las ediciones del maratón de la ciudad y el domingo va por una más. Te contamos su historia.

FOTOS: LULÚ URDAPILLETA

Desde hace más de tres décadas, Miguel Ángel Vargas Villanueva mide su vida por kilómetros. Una semana equivale a 75 kilómetros divididos en cinco días de entrenamiento. Cuatro horas con 18 minutos fue el tiempo que registró para recorrer los 42 kilómetros del más reciente maratón de la Ciudad de México. Y sus participaciones en las 33 ediciones de esta tradicional carrera capitalina a la fecha representan un total de 1,392.4 kilómetros.

Si a estos últimos se suma lo que Miguel ha corrido en otras competencias, el acumulado llega a los 120 mil kilómetros, distancia que enorgullece a este hombre de 68 años.

“La Tierra tiene 40 mil… Prácticamente le he dado la vuelta al planeta tres veces”, dice con una sonrisa mientras cuenta las horas que faltan para la edición 34 del maratón, que se realizará el próximo domingo.

Medallas de todos los tamaños y diseños cuelgan en varios rincones de su casa. Son las preseas que ha recibido por participar en carreras convocadas por estaciones de radio, colegios y empresas. Pero las más preciadas, aquellas que dejan registro de su participación en todos los maratones de la ciudad desde que empezaron a realizarse en 1983, reposan en su cuarto de estudio.

Ahí, un medallero da cuenta de cómo el tiempo lo transforma todo.

“Mira ésta”, dice Miguel, al tomar entre sus dedos la medalla del primer maratón capitalino. “Es una corcholata”, sentencia, como si sintiera pena por la presea.

La pieza tiene un diseño sencillo que contrasta con el de las más recientes. Desde 2013, las medallas son coleccionables y los corredores del maratón reciben una letra distinta por cada edición. Primero fue la M, luego la E y después la X, y este año se entregará la I. La idea es que para 2018, cuando se cumplan 50 años de la celebración de los juegos olímpicos en la capital del país, quienes hayan participado cada año en esta competencia puedan formar la palabra México.

Miguel es uno de los capitalinos que persiguen esa meta. Incluso, en su medallero ya tiene un espacio reservado para las preseas que le faltan.

Correr por “algo”

Miguel nunca ha quedado en primer lugar. Confiesa que algunas veces lo soñó, lo deseó. Pero si bien su anhelo no se ha cumplido, no deja que esto lo desmotive y lo lleve a dejar de correr.

“Siempre hay alguien mejor que uno”, dice. En los primeros años, quienes lo superaban eran otros mexicanos. Sin embargo, desde hace 13 años, estos se quedan de boca abierta frente a los triunfos constantes de los atletas kenianos.

“Los que participamos en el maratón lo hacemos para lograr algo especial”, insiste Miguel. Para él, ese “algo” no tiene que ver con llegar primero sino, como canta José Alfredo Jiménez, con “saber llegar”.

Como prueba de su constancia, en la mesa de su comedor tiene un papel con los nombres de los ganadores del maratón.

“Mira a todos estos cuates”, dice mientras recorre la lista con un dedo. “Ninguno corre ya. En cambio, yo aquí sigo, con todo y mis 68 años”.

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El inicio del vuelo

La casa de Miguel es un museo de sus obsesiones: la que siente por el deporte, reflejada en todas sus medallas; la que tiene por El Quijote de la Mancha, la cual lo ha llevado a coleccionar una decena de figuras de cerámica, y otra más por los caballos y las águilas, animales de los que también posee esculturas.

“El caballo es la fuerza, la resistencia, la elasticidad. El águila, ya lo sabes, es el alto vuelo. Y así es como me siento cuando corro”, dice este chilango que creció en la colonia Guerrero.

Hace tiempo pensó en ser futbolista. Cuando tenía 20 años, jugaba la posición de portero en partidos semiprofesionales del Club América. Sin embargo, sus padres fallecieron y él tuvo que dejar las canchas para mantener a sus nueve hermanos menores. A los 25 años, ya trabajaba como contador y medía la duración de sus días en horarios de oficina.

Esto empezó a cambiar cuando cumplió 30 y vio a un muchacho correr en una pista del Poli. “Me sentí inspirado. Comencé a correr por mi cuenta, sin entrenador, por instinto. Por necesidad”, recuerda.

A tres décadas de aquella iniciación, Miguel enumera las razones que lo han mantenido en este deporte. Una es cuidar su salud —presume tener la condición física de una persona de 45 años—, otra es ser un ejemplo para los demás y una más es la sensación de bienestar: asegura que a partir del kilómetro 30, cuando el cuerpo ya da señales de agotamiento y se llena de endorfinas, se siente “en contacto con Dios”.

Así ha sido desde su primer maratón, cuando corrió con unos tenis sencillos y una camiseta blanca, y compartió el camino con otras siete mil personas. Y así espera también que sea el próximo domingo, cuando se calzará unos tenis con suela de gel, usará una playera con chip que medirá su ritmo cardiaco y estará acompañado de 35 mil participantes, con el firme propósito de seguir acumulando kilómetros en los pies.

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En cifras

  • horas con 18 minutos fue el tiempo de Miguel en la más reciente edición del maratón.
  • mil personas participaron en la primera edición de esta competencia, en 1983.
  • 35 mil personas se espera que corran en la edición 34, que se realizará el domingo.